Permíteme contarte una historia, la historia de Bithi.

Bithi es una niña, de tan solo 12 años de edad, que fue enviada por su familia a trabajar en una fábrica de ropa, ya que ellos no tenían los recursos suficientes para mantenerla. Hoy en día, Bithi tiene 15 años y pasa sus jornadas sentada detrás de una máquina de coser, bajo el resplandor de luces que le producen dolor de cabeza, cosiendo hasta 60 bolsillos por día. Un par de años atrás, el sueño de Bithi era ser doctora, pero tristemente, hoy se ha dado cuenta que su realidad es otra y su sueño de estudiar para llegar a ser una gran profesional en el ámbito de la medicina, ha desaparecido.


Ahora, si eres de aquellos escépticos que creen que este tipo de historias hacen parte del pasado, te cuento que debido a la escasez de tapabocas alrededor del mundo, hace tan solo un par de semanas, se ha encontrado un taller en India donde varios niños realizan los tapabocas que posteriormente serán comercializados. Esto no es un juego, es un problema real, se ha llegado al punto de poner nuestra salud por encima de la vida de los niños. Al igual que Bithi y los niños del taller en India, actualmente existen millones de niños alrededor del mundo que son sometidos a trabajar en la cadena de producción textil del sistema moda.

Para que comprendas un poco mejor el panorama, te contextualizo. El trabajo infantil es definido como aquel trabajo que interfiere con el derecho a la educación de los niños, o que perjudica la salud física, mental, espiritual, moral o el desarrollo social de los niños. Distinto del trabajo donde los menores ayudan al sustento de sus hogares u obtienen un poco de dinero para ellos, sin afectar su educación, su salud o su desarrollo, y que tiene un impacto positivo.

Actualmente, existen 260 millones de niños alrededor del mundo que ya hacen parte del sector laboral. Según la Organización Internacional del Trabajo, 170 millones de estos niños participan en la cadena productiva de la industria de pronta moda o fast fashion. De esta cifra, la mitad se encuentran realizando tareas peligrosas y expuestos a situaciones de alto riesgo. De hecho, 51 países emplean a los niños para realizar alguna labor en al menos un procedimiento de la cadena productiva de atuendos o joyería. Además de esto, medio millón de niños trabajan en la producción de algodón.

Si bien es cierto que el trabajo infantil ha disminuido entre los años 2000 y 2012, aún existe un 11% de niños en el mundo que se encuentran trabajando. Por ese motivo no pueden acceder al sistema de educación.

Según el reporte realizado por The Centre for Research on Multinational Corporations (SOMO) y The India Committee of the Netherlands(ICN), los empleadores en el sur de India convencen a los padres de aquellas familias del sector rural que viven en condiciones de pobreza extrema para que envíen a sus hijas a trabajar con ellos, prometiéndoles a cambio una buena nutrición, oportunidades de entrenamiento y educación, y un buen sueldo luego de tres años. Pero la realidad es que las niñas como Bithi, parten hacia un futuro incierto donde son sometidas a largas jornadas de trabajo, bajo condiciones deplorables.

A través de auditorías, se ha descubierto que las empresas no cuentan con los certificados de nacimiento o las tarjetas de identidad que permitan corroborar la edad de los menores y a su vez, se ha evidenciado trabajo forzado de menores, como es el caso de la industria de producción de algodón en Uzbekistán.

Teniendo en cuenta el porcentaje de la población de niños, la mayoría de estos jóvenes trabajadores, se encuentran en África (19,6%) y en Asia (7,4%).

El sector agrícola, es uno de los líderes en trabajo infantil, con una cifra que ronda los 106,2 millones de niños. En los procesos de cultivo de algodón, se han encontrado niños de hasta cinco años de edad, bajo largas y calurosas jornadas de trabajo, principalmente en países como India, Egipto y Kazakhstan. Dentro de la industria y las dinámicas del trabajo forzado de menores, se registran largas jornadas de trabajo, malnutrición y enfermedades físicas y/o mentales debido a la alta toxicidad en las sustancias empleadas, ocasionándoles en muchos casos la muerte.

Este tipo de actividades incrementa la desigualdad y sectoriza la pobreza en otros niveles, logrando que los círculos comportamentales se repitan una y otra vez y la red de proveedores de maquilas textiles se sigan aprovechando de las condiciones socioeconómicas de los más vulnerables.

“Si los padres no tienen educación, obtendrán sueldos bajos; sus hijos serán forzados a trabajar, se perderán el privilegio de estudiar, y obtendrán, igualmente, sueldos bajos cuando sean adultos. Hay que romper este círculo vicioso de pobreza para acabar con el trabajo infantil” - Lotte Schuurman de The Fair Wear Foundation

Con el fin de luchar contra el trabajo infantil y defender los derechos de los niños, Fair Wear Foundation ha creado una iniciativa que consiste en la realización periódica de auditorías que garanticen el cumplimiento del código de trabajo de la fundación. Este código no permite el trabajo infantil en ninguna parte del proceso de producción. La fundación hace seguimiento tanto a las empresas, como a sus proveedores, esto quiere decir, que va más allá de las políticas internas de las compañías. A esta iniciativa, se han unido 147 marcas, entre ellas: Acne Studios, Continental Collection, Dynafit, Dawn y Aevor.

Otros esquemas de acreditación son: Fairtrade Label Organization, Global Organic Textile Standard y Ethical Trading Initiative. Por desgracia, estos estándares continúan luchando contra la falta de transparencia en la cadena de aprovisionamiento de textiles y prendas de vestir, por lo que no son 100% fiables. La etiqueta Child Labor Free, fue incluso acusada de socialwashing.

C&A Foundation, es otra de las organizaciones que busca erradicar este problema. La fundación en compañía de Freedom Fund, trabaja con aquellas comunidades que se encuentran más afectadas por el trabajo forzoso. Brindan capacitaciones a niñas y mujeres de estas comunidades, y realizan a su vez, trabajos para mejorar el bienestar y el empoderamiento de los trabajadores en las hilanderías textiles.

¿Cómo podemos unirnos a estas iniciativas y ayudar a la erradicación del trabajo infantil?

Nosotros también podemos poner de nuestra parte y ayudar. El hecho de que no veamos con nuestros propios ojos el problema, no significa que sea invisible. SÍ, hay niños que trabajan en los cultivos de algodón en India, SÍ, hay niños en Bangladesh que están siendo afectados por el sistema de gestión de moda rápida, y SÍ, hay niños refugiados sirios que trabajan en el sector textil-confección en Turquía. Si nos unimos, esto podría cambiar.

Una de las soluciones que nos ofrece Schuurman es la creación de registros de proveedores. Las marcas poseen normalmente 200 o incluso más proveedores. El primer paso para erradicar esta problemática es conocer con quienes estamos trabajando, para ello los registros.

De igual forma, analizar las dinámicas de trabajo, ya que en una de las visitas que Schuurman realizó a una fábrica de confección, observó que la cantidad de trabajadores que habían en la fábrica no tenía coherencia con la cantidad de trabajo que realizaban. También hay que ser conscientes, si trabajas con una fábrica pequeña, no puedes pedirle que realice una producción enorme de hoy para mañana, ya que puede que éstas busquen la manera de responder a la demanda sin importar el costo.

SOMO (The Centre for Research on Multinational Corporations) nos aconseja:

  • Integrar políticas de responsabilidad corporativa dentro de las operaciones comerciales y la cadena de suministro.
  • Extender la responsabilidad sobre la cadena de suministro, monitoreando los procesos desde la producción de materias primas.
  • Transparencia y trazabilidad durante todas las etapas de la cadena de producción.
  • Evaluar y monitorear continuamente el respeto a los derechos humanos.
  • Realizar compras responsables.
  • Permitir que los trabajadores defiendan sus derechos.
  • Crear mecanismos de queja donde los empleados puedan expresarse.
  • Trabajar en conjunto con organizaciones locales e internacionales de la sociedad civil.

En conclusión, lo más importante es tener una buena relación con los proveedores y con todas aquellas personas que hacen parte de la cadena productiva. Además, recuerda que no hay nada que le dé más seguridad a tus clientes que la transparencia, comunicate con ellos, comparte tus procesos de producción y ganate su confianza, sé honesto.

Pdta: Si te gusto el artículo y el tema es de tu interés, te recomiendo observar “The Price Of Free”, un documental que nos cuenta la maravillosa historia del activista Kailash Satyarthi, defensor de los derechos de los niños en India y en el mundo.


*Estefanía es diseñadora de moda egresada de la Escuela de Diseño y Mercadeo de Moda Arturo Tejada Cano; cursa una maestría en Diseño de moda, focalizada en marketing y comunicación ha trabajado para marcas como Atelier Baltus y Maud Rokha.