La pandemia del Covid-19 nos ha sorprendido a todos como individuos y como empresas, el confinamiento social y cierres económicos representan desafíos sin precedentes a los que hay que hacer frente. Una de las industrias más afectadas por esta situación es la industria de la moda pues impacta en todos sus niveles: producción, distribución y consumo.

Si bien, muchas regiones del mundo comienzan su reactivación económica -lo que incluye reabrir tiendas y servicios- la preocupación por la salud pública continua, aunque el deseo de gastar y comprar es palpable, los consumidores se sienten menos ansiosos y deprimidos y los directivos del sector un poco más optimistas. De acuerdo con Modaes tras el confinamiento, los consumidores comprarán más, ya que el gasto en viajes se perderá durante unos meses.

Aún así el daño está hecho y la lenta reactivación de la economía seguirá afectando a la industria, pues desde marzo se han cancelado millones de dólares en pedidos de ropa de fabricantes de todo el mundo, se han despedido a trabajadores en países como la India, Bangladesh y China, los principales comercios minoristas físicos estuvieron cerrados y se prevé que la mayoría no sobrevivan. La preocupación por mostrar una cara más sostenible de la industria ha quedado relegada con el fin de resolver situaciones a corto plazo, lo que implica que las dificultades financieras y éticas estarán presentes durante los próximos meses.


CONSECUENCIAS ECONÓMICAS

Antes del Covid-19, la sostenibilidad era una prioridad principal en la agenda global y estaba ganando impulso como un factor importante en la toma de decisiones para los consumidores, las empresas y los inversores. Sin embargo, la aparición del coronavirus ha supuesto una pausa en la transformación hacia la sostenibilidad de la industria de la moda.

De acuerdo con el reporte internacional de Business of Fashion y McKinsey & Company “The State of Fashion 2020: Coronavirus update”The State of Fashion 2020: Coronavirus update (en adelante Reporte BOF), el Covid-19 podría lograr la mayor contracción económica desde la Segunda Guerra Mundial, afectando a todos los sectores, desde las finanzas hasta la hospitalidad. Por su parte, el Fondo Monetario Internacional, estima que el 2020 sea el peor año para la economía mundial desde la Gran Depresión, y que por primera vez las economías avanzadas y las emergentes estarán en recesión.

El informe más reciente del Banco Mundial “Global Economic Prospects” (en adelante Informe BM) reporta que la economía mundial se contraerá un 5.2% y ajustó a la baja los pronósticos para el PIB mundial en 7.7 puntos porcentuales. Se prevé que la actividad económica de países desarrollados se contraiga un 7% en 2020 y en los mercados emergentes y economías en desarrollo alcance un 2.5% este año. Específicamente en Latinoamérica según el Informe BM se calcula una caída regional del 7.2%, los países que sufrirán una mayor caída económica son Perú (12%), Brasil (8%) y México (7.5%); seguidos por Colombia (4.9%) y Chile (4.3%).

La industria de la moda, debido a su naturaleza, es particularmente vulnerable. Al cerrar las tiendas minoristas y cambiar las necesidades de consumo por compras relacionadas con higiene, salud y alimentos, ésta pasa a un segundo plano y es relegada por artículos de primera necesidad. Solamente entre principios de enero y el 24 de marzo de 2020 la capitalización bursátil o de mercado, el sector moda alcanzó una caída del 40%, tomando en cuenta todos los sectores que hacen parte de ésta, incluyendo el de lujo; un derrumbe mucho más pronunciado que el del mercado de valores en general.

En relación con los datos aportados por Modaes los gigantes del lujo LVMH, Kering y Richemont, han marcado descensos históricos de sus acciones en marzo, con retrocesos del 12.35%, del 10.5% y del 23.6%, respectivamente. También en el lujo, las acciones de Tapestry han descendido un 52.7% en el tercer mes del año, mientras que Prada ha marcado un retroceso del 10.87% y Burberry, Hugo Boss y Ralph Lauren han descendido un 24.2%, un 44.7% y un 42.2%.

De acuerdo con el reporte de Boston Consulting Group “Weaving a Better Future: Rebuilding a More Sustainable Fashion Industry After COVID-19” (en adelante Reporte BCG), el brote inicial en China creó demoras, cierres e interrupciones en las fábricas y las cadenas de suministro dentro de la industria de la moda. Y a medida que el virus y las medidas de cierre asociadas se extendieron a otros países, la escala del impacto económico también se extendió. Se reporta que de abril a mayo, las ventas disminuyeron entre un 60-70% en la industria mundial de la moda y el lujo, específicamente un 44% en Estados Unidos, 52% en Alemania, 78% en India y un 59% en Brasil.

En España, donde las medidas sanitarias fueron particularmente estrictas, cada semana de confinamiento supuso una pérdida de unos 250-300 millones de euros para los comercios de moda, con más de setenta días recluidos, la pérdida de ingresos alcanza casi los mil millones de euros. Según el “Informe sector moda en España. Análisis del impacto de la crisis del Covid-19” de EY (en adelante Informe EY), tras el cierre de los más de sesenta mil establecimientos comerciales y la paralización de las veinte mil empresas industriales, los ingresos se han visto reducidos a cero, con un comercio electrónico que (a pesar de lo que podría pensarse) apenas ha mitigado el golpe.

Y es que hay que tomar en cuenta todas las variables, una tienda de ropa, aunque se encuentre cerrada tiene que hacer frente a sus costes operativos como alquiler y salarios, pago de cuotas, impuestos, seguros y además, a la compra ya realizada de un inventario al que no se le puede dar salida en tienda y que pierde su valor en un mercado en el que la tendencia es clave. De acuerdo con el Informe EY, solo el 2.5% de las empresas españolas tienen la capacidad de cubrir sus gastos operativos durante un mes y solo el 0.3% para soportar un mes y medio de cierre.

Sin embargo, se espera en la “nueva normalidad” según estimaciones del Reporte BOF, que la industria mundial de la moda (sectores de indumentaria y calzado) se contraerá entre un 27-30% en 2020, pero podría presentar un crecimiento positivo del 2 al 4% en 2021. No muy alejado de esa estimación el Reporte BCG proyecta una caída en ventas de al menos 28-38% en lo que resta del 2020. Modaes por su parte, estima que después de la crisis del coronavirus, el sector volverá en 2021 a facturar entre 13,000 millones de euros y 14,000 millones de euros.

De cara a futuro se espera que la liquidez y la preservación del efectivo sean ahora las principales prioridades de todas las empresas de moda, incluso las financieramente sólidas, según el Reporte BCG, además de que las medidas de respuesta que se tomen incluyan la reducción de costos, los permisos de personal, la optimización del capital de trabajo y los empujes de ventas (algunos de ellos liquidarán sus inventarios con estrategias de descuento o enfatizando las ventas en línea), lo que significa que para muchas marcas, el gasto no esencial está actualmente congelado o revaluado.

Finalmente, no todos son malas noticias pues ante las adversidades las ventanas de oportunidades se abren. Se proyecta que los nuevos modelos de negocio basados en alquiler, reventa, uso compartido y de economía colaborativa o circular tendrán una ventaja competitiva, porque además de apelar a consideraciones éticas y ambientales, también apoyan a los consumidores ante una recesión o recuperación económica prolongada.


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*Angélica es mexicana, tiene un máster en Derecho de Tecnologías de la Información, Redes Sociales y Propiedad Intelectual, en ESADE Business & Law School. Actualmente trabaja en el desarrollo de una startup y en su proyecto "un pedacito de corazón", un proyecto social que tiene como fin dar a conocer y vender el trabajo de comunidades indígenas mexicanas.