La pandemia le ha dado un giro radical a la forma en que concebimos el mundo. Tanto los consumidores como las marcas están luchando para adaptarse a esta transformación mediática de la realidad y las dinámicas de lo que muchos llaman “nueva normalidad” aún son inciertas. Esta crisis resaltó la capacidad de adaptación de las marcas a la volatilidad del mercado, haciendo énfasis en sus cadenas de suministro y sus metodologías, y abriendo una gran brecha entre la forma en que solían producir y la sostenibilidad.

Es claro como las prioridades han cambiado; ahora más que nunca los consumidores buscan seguridad y tranquilidad en las marcas, son más conscientes del equilibrio ambiental amparado en la sostenibilidad y dan importancia a las opciones ecológicas. Si bien le hemos dado un respiro al planeta, la cantidad de plásticos de un solo uso y de desechos ha aumentado considerablemente y una de las mayores preocupaciones está en los océanos.

Durante las últimas décadas, la disposición de desechos no biodegradables se han agrupado trayéndonos nuevas islas (y no a las que nos podamos ir a vacacionar tranquilamente), denominadas islas basura o “garbage patch” y que se han venido formando desde el año 1988 . Actualmente se han registrado 5 islas con estas características, ubicadas en el Océano Índico, dos en el Océano Pacífico y dos en el Océano Atlántico. Esto implica efectos irreversibles para la vida marítima, el medio ambiente, la salud de los seres humanos, la economía y la navegación.

Alrededor de 6.4 millones de toneladas de desechos terminan en los océanos anualmente. Se calcula que alrededor de un 70% de los desechos terminan en el lecho marino, aproximadamente el 15% se distribuye en la columna de agua y el otro 15% acaba en costas y playas. Una vez más, nuestro mayor enemigo vuelve a tomar el protagonismo, pues los desechos que más se agrupan son en su mayoría los plásticos.

Pero, ¿qué papel juega la moda ? La mayoría de tejidos que encontramos en la ropa están hechos a base de fibras sintéticas, como poliéster, acrílico y nylon, materiales derivados del petróleo, que no son otra cosa que plástico. Desde la revolución industrial se optó por la creación de materiales en laboratorio, que permitieran reducir los costos y alcanzar a toda la población global; no obstante y ante la insuficiencia de los esfuerzos se empezaron a mezclar unas fibras con otras, dando como resultado una avalancha de productos incapaces de biodegradarse, millones de microesferas de plásticas, un gasto energético excesivo y cientos de emisiones de efecto invernadero.

El problema no radica únicamente en la fabricación de la pieza, la complejidad está precisamente en su fase de uso. Al lavar las prendas hechas con materiales sintéticos. Se estima que en promedio de 6 kg de tela sintética, podrían liberarse más de 700,000 fibras por lavado, en otras palabras, se están liberando millones de microesferas de plástico invisibles al ojo humano y capaces de convertirse en alimento para la vida marina y posteriormente en nuestro alimento.

Si bien es un problema que lleva muchos años y es un trabajo de las empresas, los consumidores, los gobiernos y demás entidades, mitigar esta problemática supone un desafío industrial que implica otros sectores, para crear alianzas estratégicas que permitan solucionar el problema de raíz. Se han planteado algunas soluciones que la industria de la moda pueda solucionar como:

  • La economía circular: es una estrategia que busca disminuir la producción de residuos y emplearlos como recursos. Dándole valor a los productos, materiales y recursos para que permanezcan el máximo tiempo posible dentro de la sociedad reduciendo la generación de residuos. Para lograr un modelo de economía circular es importante tener en cuenta ciertos criterios como la Eco-concepción que estima el impacto durante todo el ciclo de vida del material o del producto como tal desde el primer momento. La ecología industrial y territorial para poder mejorar la gestión de recursos, energía y servicios. La economía de funcionalidad para priorizar el uso de materiales y productos versus la pertinencia de los mismos y re-evaluar los productos que ya no cumplen con especificaciones iniciales. La realización de un producto o material para elaborar nuevos recursos y por último la reparación de productos dañados por medio del reciclaje para construir algo nuevo. Si nos situamos en la industria de la moda, no es únicamente fijarnos en qué materiales podemos reciclar si no cómo podríamos reducir la liberación de microplásticos durante la vida útil de la prenda, por ejemplo mediante bolsas para el lavado y uso de detergentes y suavizantes que obstruyan la liberación de estos.

Un ejemplo es el de la campaña “Upcycling the Oceans”, una colaboración entre Ecoembes y la fundación Ecoalf que luchan por la conservación de océanos mediante la recogida de residuos para posteriormente transformarlos en tejidos de alta calidad.

Otra marca que le apuesta a la sostenibilidad es Patagonia, alargando al máximo la vida útil de sus prendas ofreciendo reparación de productos y utilizando materiales de alta calidad de esta forma por cada nueve meses más que dure una prenda pueden reducir su huella de carbono entre un 20% y un 30%.

  • Incentivos y educación ambiental: tanto las empresas como los consumidores deben hacer parte de la solución. Así como las empresas deben acercarse cada vez más a un modelo de negocio sostenible, es importante que también busquen una comunicación efectiva sobre los usos, los beneficios frente al cambio climático y eduquen a sus consumidores para así poder generar un valor agregado y que estos realmente valoren la sostenibilidad y la exigan. Adicionalmente, una comunicación efectiva ayudará al consumidor a diferenciar bien los materiales, haciendo que éste no tenga que gastar tanta energía en saber si realmente es sostenible o no y fortalezca la relación.

En conmemoración al día mundial de los océanos Adidas junto con Parley for the Oceans abrirán “Run for the Oceans” en el que se impartirán workshops, talleres conferencias y diferentes iniciativas dirigidas a luchar contra los desechos de plástico en los océanos y un macro encuentro que reúne a miles de corredores alrededor del mundo con el fin de recaudar fondos para programas de concienciación, educación y reutilización.


  • Investigación e innovación: es importante investigar modelos más sostenibles en toda la cadena de suministro, desde el diseño hasta la distribución, también optar por la innovación orientada a producir materiales reutilizables y con menos impactos ambientales. Adicionalmente, es importante destacar que a raíz del COVID-19 la tendencia hacia mejores propuestas de salud, calidad y servicio y la alta preocupación han aumentado en los consumidores así como el uso y la cantidad de residuos y los empaques de un solo uso. Muchas empresas se lanzaron a la venta de tapabocas, sin embargo ¿Como se van a responsabilizar del post-consumo de estos? es importante innovar en empaques, materiales, y procesos que ofrezcan seguridad, agilidad de desinfección y que sean lo más ecológicos posibles.

Los vestidos de baño allSisters son fabricados en talleres respetuosos con el medio ambiente y utiliza materiales sostenibles de plástico post-consumo compuestos 78% de poliamida reciclada y 22% de elastano con bolsas para su lavado y evitar que los microplásticos queden en el lavado. Además ofrecen piezas atemporales y elegantes enfocadas a consumidores preocupados por el medio ambiente diseñando tonos blancos y negros o una combinación de ambos como parte del ADN de la marca.

  • Establecer prohibiciones y restricciones sobre los plásticos de un solo uso, tasas de impuestos y empezar a buscar materiales sustitutos que reduzcan el uso de plástico y sus emisiones climáticas.

Otra empresa que le está haciendo frente al cambio climático es Puma. A finales de 2018 obtuvieron 50% de algodón y el 66% de poliéstercon materiales certificados y más sostenibles y apuntan a que el 90% de sus materiales de cuero, papel, cartón y algodón provengan de fuentes sostenibles.

Por último, la reducción de la huella ambiental no depende únicamente de que las empresas hagan todo su esfuerzo e invierten en investigaciones, los consumidores cada día requieren de más energía para ser amigables con el medio ambiente por que no sabe diferenciar los materiales y mucho menos cómo cuidarlos para tener un menor impacto. Involucrar a nuestros consumidores en la cadena de suministro tiene un papel más amplio del que únicamente alentar el cambio en los hábitos de consumo. Al abrir más canales de comunicación los ingenieros se pueden enfatizar en pasos para reducir la huella de carbono y en lo que respecta al cuidado de las prendas y de esta forma la marca puede lograr una comunicación efectiva hacia los consumidores que escuche sus necesidades pero que también los eduque y les facilite el proceso de ser ambientalmente amigables. Como empresa, es importante apostarle diseños biodegradables, fibras naturales y de base biológica y las fibras protectoras con materiales sanitarios e higiénicos que le apuesten a la sostenibilidad creando una cadena de valor en las prendas que genere protección pero que a la vez le apueste a la sostenibilidad.


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Daniela es administradora, apasionada por áreas de mercadeo en moda, lujo y diseño de producto. Tiene experiencia en mercadeo digital y sostenibilidad y actualmente desarrolla su emprendimiento de productos cosméticos a base de CBD.