La moda es una respuesta ante los cambios sociales y culturales en cualquier comunidad y con la inmediatez producida por la globalización y los nuevos tiempos dados por la era tecnológica, el sistema tradicional de la moda se ha desintegrado para repensarse en escenarios más próximos. Las necesidades de los consumidores son más dinámicas y volátiles y mantener la demanda en el mercado y la actividad económica en la industria se ha convertido en un verdadero reto.

Según Forbes los consumidores se han acostumbrado a buscar y desear cosas nuevas, mejores y rápidas. Buscan lo más conveniente o lo más moderno y en ese dinamismo propio del consumo desaforado, se cansan más rápido de los productos, llevando a las empresas a producir cada día más. Las industrias se están transformando porque el planeta hoy lo está exigiendo y la complacencia no es una opción. La innovación es la respuesta para entender las oportunidades del mercado y crear nichos que vayan más allá de responder a las tendencias temporales, concentrarse en la creación de valor y experiencias de compra que conecten con el consumidor.

La innovación no sólo es la creación o modificación de un producto y su introducción en un mercado, ésta requiere conocer y explorar las tendencias e insights actuales para evolucionar.

La moda debe complementarse con los avances tecnológicos para ofrecer productos novedosos, versátiles y con altos beneficios para el consumidor. Por ejemplo, la manufactura necesita implementar nuevas tecnologías a nivel de materiales y procesos, estar a la vanguardia y competir en temas de innovación para permanecer. Cuando pensamos en este tema, los primeros referentes que llegan a la mente son los de ropa deportiva, y marcas como Nike y Adidas que han logrado situarse en el radar de compra de millones de personas gracias a sus laboratorios de investigación y desarrollo y en la búsqueda permanente de unir en un sólo espacio innovación, medio ambiente y desarrollo económico. Nike por su parte desarrolla zapatos inteligentes que se pueden adaptar a las necesidades del pie durante la actividad física, para el baloncesto por ejemplo, creó una App llamada Nike Adapt que ajusta la parte superior del zapato a través de la tensión de las fibras que constituyen la tela y los cordones, ya sea soltando un poco para permitir el flujo sanguíneo durante la recuperación o apretándolo para mayor soporte y estabilidad según la necesidad del deportista; esto a través de un mecanismo añadido en la suela que recibe la información de la app instalada en el celular.

Imagen tomada de la página de la marca Nike: zapato desarrollado con la tecnología Nike Adapt

Adidas por su lado le apuesta a la sostenibilidad desde “Parley for the ocean”, un proyecto para recuperar el PET del océano, procesarlo y convertirlo en materia prima idónea para la fabricación de zapatos. Actualmente está en la búsqueda de tinturas eco amigables que reduzcan el consumo de agua y la contaminación de la misma y través del proceso de Masterbach que mezcla gránulos de poliéster con los gránulos de color desde el proceso de fabricación del filamento, se logra una fibra teñida que después es hilada y procesada para crear el producto. También utilizan Dry Dye un tinte seco que utiliza 50% menos químicos y 50% menos energía que el teñido tradicional y no requiere agua ya que ésta es reemplazada con dióxido de carbono comprimido: el tinte se inyecta al textil y luego del proceso y tiempo de teñido, el dióxido de carbono se gasifica y este se puede reutilizar haciendo un proceso renovable.

Otras marcas que han logrado grandes avances en temas de creación desde la investigación han sido The North Face, Patagonia y Reebok que han logrado transmutar la experiencia de usuario individual a experiencia de comunidades a través de distintas iniciativas como el patrocinio de deportes, competencias internacionales como el crossfit, escalada, UFC y otros espacios para generar lazos de confianza y finalmente de compra. En la industria, las necesidades no solo se limitan al diseño y calidad de las prendas sino a toda la línea de producción. Esto se debe a la democratización de la información de la moda, por lo que ser honestos y usar el lenguaje adecuado puede ser una ventaja competitiva. De igual forma, educarse sobre el tema en el cual se pretende innovar resulta esencial; de lo anterior se deriva la irrefutable realidad de que no basta con encontrar el problema, se debe buscar la solución.

Tommy Hilfiger impresiona por la versatilidad que tiene para abordar a su público objetivo que es bastante exigente al ser una audiencia joven pero con alto poder adquisitivo, se ha ganado la admiración en la industria por sus exitosas colaboraciones con artistas y modelos y el diseñador ha enfatizado en la importancia de escuchar a sus consumidores, su equipo de trabajo y empleados. Daniel Grieder CEO de la marca habla de la innovación como una cultura para mantener las ruedas de la compañía en marcha y apalancarse de nuevas estrategias mercantiles que empiezan a surgir en una necesidad de reinventarse como la logística en las ventas online y el modelo de negocio fuera de las temporadas de moda conocido como See now Buy now.

Daniel habló para BOF explicando cómo una cultura de valores en la empresa empodera a sus empleados y mantiene el espíritu innovador, integra el ámbito tecnológico y crea estrategias potenciales en e-commerce y mercadeo. “En 2014 incorporamos nuestra visión continua 2020+, que se basa en tres pilares: uno se centra en el consumidor, el segundo se adapta al cambio y el tercero es colocar el producto como el rey. Pero apoyar esto requiere de innovación: constantemente invertimos en ella y no dudamos en probar iniciativas innovadoras en el mercado. Es un ciclo vicioso” explicó el CEO.

Probar y aprender son parte del proceso creativo, hay que ejercitar la creatividad, mezclar cosas para salir de la zona de confort, la educación es el cimiento para crear, interesarse en otras áreas ya sean artísticas, científicas, sociales o tecnológicas que logren expandir la perspectiva de la moda y la complementen.

La diseñadora Iris Van Herpen es precursora en combinar tecnología y ciencia en alta costura desarrollando materiales propios, usando materia prima poco convencional e impensable para el vestuario e inclusive impresión 3d de los mismos, además de métodos de ensamble apartados del patronaje tradicional y exploración de siluetas en un plano tridimensional. Toma su inspiración de la naturaleza, la danza y el movimiento, se enfoca en crear piezas únicas para el teatro, el ballet y exhibiciones en museos y por encargo inclusive de arquitectos abstrayendo las construcciones a la indumentaria. Alejada de la industrialización, se mantiene fiel a la artesanía y la innovación como las raíces de la moda, la experimentación y el lograr lo imposible la motivan a seguir diseñando, su mayor anhelo es lograr usar el agua como material en el vestuario.

En Latinoamérica tiende a suponerse que la escasez de recursos representa un limitante, pero quienes logran ver oportunidades en el mercado local han innovado con economías circulares. La sostenibilidad en Latinoamérica tiene una gran oportunidad, aunque es maquila de marcas extranjeras, las marcas locales se han esforzado por dar valor a lo propio y muchas han logrado adaptarse al cambio con mayor facilidad. Las firmas latinas tienen la oportunidad de entrar a mercados extranjeros por la herencia y exoticidad que llevan impresas, como Johanna Ortiz que con feminidad y delicadeza disolvió la estética y el estereotipo machista de una comunidad reinada por el narcotráfico en Colombia. La marca ahora se ha ganado un puesto en Net-a-porter y una colaboración con H&M siendo la primer marca latina en lograrlo, reivindicar la estética de la mujer especialmente si está híper sexualidada en términos de la vanidad llevados a lo natural, logrando así una propuesta que se ha hecho más fuerte a nivel territorial, además de ofrecer una experiencia mística a sus clientes, innovando con una propuesta tropical y tenue de la feminidad respecto al cuerpo de la mujer.

En el afán de contrarrestar el impacto ambiental generado por las curtiembres en el tratamiento del cuero, se han logrado nuevos materiales que se han ido abriendo paso en la industria, tal es el caso de Zoa un material bio fabricado por el laboratorio Modern Meadow. El Zoa está hecho a base de células de levadura, cuando el ADN de ésta es modificado logra una cantidad de colágeno específico que luego se reúne en moléculas para crear una estructura similar a la del cuero; tiene la capacidad de ser modificado para lograr varias densidades, colores y estiramiento. El material es renovable y por su constitución vegetal y fabricación tiene un menor impacto ambiental en comparación al proceso de curtido del cuero animal. El material fue presentado en Nueva York en la exhibición “Items:is fashion modern?” realizada por el museo de arte moderno MoMa.


Imagen tomada de la página Bolt Threats

La levadura también ha sido usada por el laboratorio Bolt Threats, fabricante de Microsilk como una alternativa la polyester. Éste también se desarrolla de manera celular, hasta lograr una fibra protéica que asemeja la textura de la seda, luego se genera una estructura basada en el modo en que las arañas tejen la telaraña para lograr fuerza y flexibilidad. En busca de un menor impacto ambiental, la bioingeniería ofrece procesos más limpios, con menor uso de agua y tintes, además son materias que por su concepción son renovables y biodegradables.

¿Cómo controlar la temperatura corporal ya sea para enfrentar bajas y altas temperaturas? fue la pregunta y a la vez la oportunidad que vio la firma española Wendu, y que le permitió desarrollar pecheras para hombre y tops para mujeres que cambian la temperatura corporal. Estos van conectados a una batería pequeña y un portátil WenduX que mediante una App en el celular recibe la información para subir o bajar la temperatura según la necesidad del usuario de 6 a 8 horas. Las prendas tienen 2 focos delanteros y 2 traseros en contacto con la piel que se rigen por el flujo sanguíneo permitiendo el cambio de la temperatura en todo el cuerpo.

Enfrentarse a las vicisitudes del cambio es algo que toda la industria tendrá que hacer, no se permiten excusas ante los recursos o la crisis, la necesidad es la madre de la innovación, así se plantea por ejemplo la reestructuración del sistema después de la pandemia del covid19. Los consumidores luego de una crisis económica evaluarán primero el precio antes que la tendencia e inclusive el mensaje de sostenibilidad que puedan llegar a tener los productos. Así lo plantea Business of Fashion y asegura que quienes desarrollen soluciones prácticas y se mantengan en pie sin desdibujar las prácticas que ya habían logrado, marcaran la pauta para la nueva era de consumo que se avecina.

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Laurie es diseñadora de modas y asesora para marcas de moda enfocada en la responsabilidad y sostenibilidad. Trabaja en procesos de customización de prendas en desuso atendiendo a las dinámicas del mercado actual.