Marca Argentina Hecho x nosotros

Cuando me propusieron escribir un artículo sobre Moda Sostenible en Argentina me entusiasmé mucho, me gustan los desafíos. Es que si bien tengo muchas marcas sostenibles en el radar, contarles en que está la moda sostenible en Argentina implica adentrarse en un universo formado por múltiples actores, con una complejidad de vínculos e intereses que puede resultar abrumadora. Si no fuera porque vengo indagando hace un par de años en marcas con valores sostenibles no sabría por dónde empezar, pero por suerte soy muy curiosa y me apasiona indagar, así que me puse manos a la obra y me dediqué a observar, ordenar y sistematizar (confieso que hasta me hice un excel).

Para irnos poniendo en tema les cuento que Argentina es un país muy extenso (2.766.890 km2) con una multiplicidad de climas, suelos y realidades territoriales diversas y con un acervo cultural de lo más variado.

El primer gran desafío fue el acceso a información de calidad, es decir, que sea data precisa, actual, completa y de fuentes confiables, especialmente por la gran dispersión de esfuerzos en torno a este tema.

Afortunadamente son cientos los emprendimientos ligados a la sostenibilidad en la moda. Pero hasta el momento, no existen registros completos y públicos de marcas sostenibles o al menos su información no está disponible para todas las personas; muchas iniciativas aún están en estadíos iniciales e informales y para las que ya tienen un recorrido la información está bastante compartimentada.

El sistema moda en Argentina es una trama que abarca desde los saberes ancestrales de nuestros pueblos originarios hasta la influencia de inmigrantes europeos. Pasamos de la riqueza de lo artesanal hasta los desarrollos tecnológicos y conocimientos aplicados a las distintas etapas de la cadena de producción por parte de emprendedores, universidades, Estado y organizaciones no gubernamentales. A lo anterior debemos sumarle un semillero de talento en diseño de modas y textil, el impulso al emprendedorismo que viene tomando fuerza en la última década y varias experiencias asociativas y solidarias.

Por el lado del Estado existen diversos organismos con proyectos para impulsar emprendimientos sostenibles, pero la coyuntura ha hecho que no todos los programas tengan su información actualizada y otros estén frenados por la emergencia sanitaria. Sin embargo, es posible citar la actividad que realizan distintos gobiernos provinciales con organismos gubernamentales como el INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria), el Centro de Lujo Sustentable, el INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial) con su área de Textiles y su Observatorio de Tendencias (OdT INTI), que vienen trabajando desde hace años con proyectos vinculados a la industria de la moda como los cultivos orgánicos de algodón y la sericultura responsable.

En una nota publicada en 2019 en el diario La Nación, los referentes de la industria textil (no necesariamente sostenibles) señalaban algunas tareas pendientes por parte del Estado, que ayudarían a impulsar el slow fashion. Entre los pendientes mencionan problemáticas vinculadas tanto a aspectos legales e impositivos, como a espacios de difusión y comercialización para emprendedores con “mentalidad verde”.

Con todo lo anterior, nos encontramos con un sinfín de propuestas de diversos tamaños, escalabilidad y replicabilidad que abordan con distinto grado de impacto todas o algunas de las aristas de la sostenibilidad.


¿Por dónde empezar? ¿Cómo hacer para no dejar a nadie afuera?

Marca argentina Jauria Textil

Arrancar por la definición de moda sostenible parece ser la mejor opción para darle un marco a estas líneas, entonces ¿qué entendemos por moda sostenible en Argentina?

Desde AMSOAR, la Asociación de Moda Sostenible Argentina que enlaza más de 70 marcas sostenibles, proponen: “la sostenibilidad en la moda es un paradigma posible de alcanzar desde una conciencia abierta, colaborativa y coherente, basada en valores que conlleven acciones constantes que beneficien y mejoren cada aspecto del proceso productivo, generando un impacto positivo en el consumo y uso de los productos que se generan. Se trata de integrar la materia con las ideas y actitudes, al mismo tiempo que se logra un equilibrio entre los aspectos social, ambiental y económico del paradigma sostenible.”

Así como AMSOAR, existen otras asociaciones, agrupaciones, colectivos con la finalidad de promover la sostenibilidad como una forma posible de hacer negocios, educar a los consumidores/usuarios y brindar herramientas a los emprendedores del sistema moda. Por ejemplo Hecho por Nosotros, es una ONG radicada en nuestro país y vinculada a organismos internacionales como Naciones Unidas y Ashoka que trabaja en desarrollo local, en especial con comunidades rurales andinas, desarrollando la cadena de valor y el mercado de fibras de camélidos, desde una apuesta sostenible.

Saliendo del ámbito institucional, también existen marcas en diferentes estadíos de profesionalización que avanzan en la gestión de sus impactos económicos, sociales y ambientales, desde su propio hacer sin el apoyo de ningún ente gubernamental y con un gran enfoque de impacto comunitario.


Moda y triple impacto, justicia social, ética, solidaridad, protección del medio ambiente y rentabilidad.

Hablar de moda y sostenibilidad es hablar del impacto de la producción y el consumo de moda en el plano ecológico, social y en el desarrollo económico de las comunidades. Por ello es que dentro de este universo no podemos dejar de hablar de las Empresas B, por su trabajo en la promoción de una nueva economía que tenga la Sustentabilidad como parte de su ADN. Estas son empresas que además del objetivo de rentabilidad, vienen a ofrecer soluciones reales a problemas sociales y ambientales de sus comunidades. Estas empresas cuentan con procesos de certificación para demostrar esos impactos y por lo general trabajan en estrecha relación con otras organizaciones de su entorno. En Argentina tenemos varias de ellas. Cúbreme y Animaná, son dos marcas que trabajan con fibras provenientes de fauna autóctona del norte y sur del país (alpacas, llamas, vicuñas, guanacos). Estas marcas colaboran con el cuidado del medioambiente a través de la conservación de la fauna y el suelo, trabajan de forma respetuosa con las comunidades locales, revalorizan sus técnicas ancestrales y fomentan el consumo consciente de una moda atemporal, con beneficios para el consumidor y el productor.

Stay True por su parte, es una marca que produce remeras con algodón orgánico certificado, producido de manera biodinámica (agricultura con un enfoque holístico, ecológico y ético que solo utiliza agua de lluvia para el riego y no utiliza agroquímicos, entre otros aspectos). El algodón certificado como 100% orgánico y biodinámico es cosechado por la comunidad QOM (pueblo originario del Chaco argentino) y comercializado bajo los estándares de comercio justo (con certificación Fair Trade). Como si esto fuera poco, van por más y piensan en términos de circularidad, dando al comprador la posibilidad de entregar sus prendas Stay True usadas, como parte de pago por prendas nuevas.

Otro caso interesante es Xinca, certificada como empresa B y a quienes tuvimos como panelistas durante la Jornada de Moda Sostenible. Ellos producen calzado y prendas incorporando upcycling de scrap textil y neumáticos que de otro modo terminan en rellenos sanitarios y a su vez trabajan con dos grupos de poblaciones vulnerables: personas privadas de su libertad y mujeres de comunidades rurales a las que se les brindan herramientas, para que a través de su propio trabajo tengan independencia económica.

Marca Materia Prima

En otro extremo, existen cada vez más marcas cuyo propósito inicial no estaba vinculado a la sostenibilidad pero que hoy tratan de sumarse a la moda ética. Algunas se enfocan en el aspecto medioambiental, otras son más fuertes en el impacto social y cultural. No tenemos información certera para medir su impacto en los distintos aspectos que componen la sostenibilidad, pero aún así, creo que es importante destacar que empezaron a transitar el camino, entendiendo la responsabilidad que tienen como marcas frente a los colectivos de consumo.

Nos encontramos también con marcas que sin ser empresas B, se preocupan y se ocupan de su impacto, como el caso de Vitnik, una empresa de indumentaria deportiva y recreativa. En la búsqueda de gestionar sus impactos crearon Generación Vitnik, un espacio desde el que promueven la inclusión social y el diseño sustentable por medio de diversos proyectos. Recientemente comenzaron a buscar formas de sumarse a la economía circular con un correcto tratamiento de los desechos textiles, con el fin de introducirlos nuevamente al ciclo de vida productivo, generando nuevos productos y materiales.


Pequeños con gran espíritu

Por último, pero no menos importante en el ecosistema de moda sostenible en Argentina nos encontramos con un cúmulo de emprendedores más pequeños que se plantearon de entrada el propósito de ser marcas éticas, conscientes, sostenibles, solidarias y/o ecológicas. Sus proyectos, en algunos casos colaborativos en otros más atomizados, abarcan múltiples líneas de trabajo vinculadas a la sostenibilidad. Así podemos encontrar entre otros:

  • Iniciativas en torno al impacto ecológico a través del uso de materia prima natural y orgánica: algodón orgánico, caña de bambú (Bor orgánico y Get Wild)
  • El teñido con tintes naturales que se produce en pequeñas escalas y de manera artesanal (Jauría textil y su proyecto Hilar, Alquimia Textil)
  • Biomateriales en fases incipientes o experimentales y con distinto grado de difusión y reconocimiento. Varios emprendimientos trabajan en biotextiles, por ejemplo el Tilex, un material similar al cuero, fabricado con yerba mate o bioplásticos provenientes de residuos vegetales que pueden utilizarse en accesorios (Karu Biodiseño, Etimo Biomateriales)
  • Reutilización de residuos de la industria textil y otras industrias, upcycling de diversos materiales, desde sachets de leche hasta caucho de neumáticos por nombrar los más saliente (Biotico Moda Ética, Juaga y Materia Prima)
  • Proyectos slow: zero waste, reducción de desperdicios aprovechando al máximo los recortes, producción lenta trabajando por pedido y con talleres conocidos y de confianza, sin stocks y con enfoque en la moda atemporal (MiniBenita, Palapenia, Luma Baez, Alquimia textil)
  • Iniciativas con impacto social: inclusión de minorías a través de convenios con asociaciones, la generación de empleo de calidad para poblaciones vulnerables y la lucha contra la trata de personas (Biotico, Juaga trabaja con un taller en una unidad carcelaria; VeroVira trabaja con Talleres La Alameda, vinculada al movimiento No Chains contra el trabajo esclavo).

Todo esto y más, es parte de la moda sostenible, todo eso ocurre aquí al mismo tiempo.


Muchas de las marcas que mencioné han logrado visibilizar problemáticas comunes en todos los países en tema de moda y textiles y están haciendo apuestas fuertes para concientizar y educar a los consumidores, fomentar la asociatividad, crear o impulsar canales comerciales para ellas y otras pequeñas marcas autogestivas y productores artesanales.

Lamentablemente no tenemos aún información certera que nos permita dimensionar el impacto de este movimiento: cuántos son, dónde están, cuáles son sus resultados, cuántas fuentes de empleo generan, cuales son sus impactos a nivel agregado. De lo que sí estoy segura es que su trabajo viene a impulsar un cambio en la industria de la moda y en los modos en los que se produce, se consume y se utiliza la ropa.

Estas marcas nos invitan a revisar nuestros valores y ser más amables con nuestro entorno, con los demás y con nosotros mismos y eso merece ser contado.