En el artículo anterior, hablamos sobre conceptos e importancia de la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) en las empresas y como está alineada con las agendas de trabajo de la sostenibilidad. Teniendo en cuenta eso, nos centraremos en las herramientas que se propuestas para su aplicabilidad y cuáles son las dinámicas de la RSC en la industria de la moda.


Herramientas

Existen diferentes instrumentos para incorporar la RSC a una empresa tales como: las guías y estándares internacionales (por ejemplo, el ISO 26000 sobre Responsabilidad Social), iniciativas y pactos (como el Pacto Mundial de la ONU o el Fashion Pact), sistemas de gestión (la norma internacional SA8000emitida por la Social Accountability International) y los códigos de conducta, de ética y de transparencia.

La adopción de códigos de ética o de conducta está adquiriendo mucha popularidad y se están volviendo muy relevantes pues sirven como herramientas para establecer los valores y estándares éticos de la empresa, ejercen influencia sobre las prácticas de sus empleados, socios y accionistas e informan a sus clientes y proveedores sobre los principios que se siguen para la elaboración y fabricación de sus productos, así como su comportamiento ante los problemas sociales y ambientales.

¿Qué son los códigos de conducta? son declaraciones formales y unilaterales (es decir, la misma empresa los elabora) que recogen los valores y estándares éticos y de RSC por los que se guía una organización. Una vez firmados se convierten en un acuerdo legal entre el empleado y el empleador (y en algunas ocasiones entre proveedores y subcontratistas). A diferencia de los códigos de conducta, los códigos de ética tradicionalmente no describen comportamientos específicos requeridos o prohibidos, sino que proporcionan detalles prácticos para garantizar el cumplimiento de otros códigos o directrices que tenga la corporación.

El contenido de un código de conducta puede ser muy variable: establece directrices de comportamiento de los empleados, sanciones en caso de la realización de ciertos comportamientos o expectativas sobre confidencialidad. Pero indudablemente deberá hacer referencia a la protección de derechos humanos, derechos laborales, medioambientales, prácticas contra la corrupción y el soborno y deberá contener mecanismos adecuados para la evaluación y control de su aplicación.

Este tipo de códigos adquieren mayor importancia especialmente en aquellos países con escasa protección de los derechos humanos y en donde las autoridades no aplican los derechos mínimos (aunque este punto es muy discutible) y por lo mismo traen consigo diversas ventajas para la empresa, como generar un impacto positivo en la reputación de la marca, una mejora en la calidad de los productos e incluso un mejor clima laboral.

El éxito de un buen código de conducta depende de su credibilidad y transparencia. Los códigos se deben comunicar a todos sus empleados, pero también a empresas subsidiarias, proveedores e incluso clientes. Pero sobre todo, los códigos deben aplicarse, monitorizarse y verificarse ya sea por medio de equipos internos de “cumplimiento” o por medio de auditorías realizadas por terceros (consultoras, organismos internacionales, etc.), de esta forma se alcanzará la credibilidad y coherencia deseada.


¿Qué ganamos al aplicar la RSC y códigos de conducta en nuestra empresa?

Sí se hace bien, los beneficios pueden ser visibles en toda la cadena de producción de una empresa.

Para empezar, el prestigio de la empresa aumenta y tiene una mejora de imagen considerable ante los consumidores, pues la sienten más cercana a las comunidades necesitadas y grupos sociales que interactúan en el mismo espacio, lo que trae como consecuencia un aumento de credibilidad. Las empresas se convierten en motores de desarrollo y ganan estabilidad pues se vuelven fuentes de atracción de talento, ofreciendo condiciones de trabajo atractivas, llamando la atención incluso de nuevos inversionistas.

La sociedad y el medio ambiente también ganan, ya que las comunidades reciben ayuda directa o indirecta de las iniciativas empresariales y se minimiza el impacto ambiental con proyectos específicos o mediante la implementación de prácticas sostenibles.

Pero cuidado, la RSC no implica acciones de patrocinio, donaciones o estrategias que buscan un “lavado” de imagen de la empresa, tampoco deben buscar utilizar al marketing responsable como una herramienta para obtener un mero beneficio económico y privado. Siempre se debe buscar que las actividades desarrolladas en el marco de la RSC se encuentren relacionadas con la actividad básica de la empresa y sobre todo tener una vocación de permanencia y compromiso de todas las partes involucradas.


¿Y en la industria de la moda?

Hoy en día, una de las formas en que un consumidor ético puede conocer los valores de su marca es visitando su sitio web, pues cada vez son más las marcas que tienen un apartado que contiene la información sobre sus valores fundamentales y los principios éticos que cumplen en forma de códigos de conducta o de ética empresarial.

Como ya vimos, estos códigos pueden tener una variedad de propósitos, pero en la industria de la moda es muy notorio que se concentren en cuestiones de empleo, mejora y cumplimiento de las condiciones de trabajo (pues es sabido de la poca o nula aplicación de estos derechos), en prácticas comerciales desleales, así como en el respeto del medio ambiente.

En este sentido, estos códigos son una herramienta poderosa para mejorar la imagen de la marca y cumplen con dar respuesta a los problemas que preocupan a los consumidores, por tanto, es importante distinguir entre empresas que son verdaderamente éticas y aquellas que simplemente lo parecen.

La industria de la moda es muy especial pues su cadena de producción es muy extensa y generalmente los proveedores de textiles y las fábricas de manufactura se encuentran en diversos países al de la empresa, por lo que el cumplimiento efectivo de derechos y obligaciones es más complejo de monitorizar.

Muchas empresas utilizan su código de conducta como un documento accesorio al contrato principal con el proveedor/comprador/empleado y de esta forma se remedia su aplicabilidad, pues su violación constituye un incumplimiento del contrato, lo que significa que sea más probable que los proveedores se comporten éticamente. Otras marcas de moda tienen diferentes “versiones” de sus códigos, uno dirigido a sus empleados, otros a sus proveedores, etc., que ilustran y establecen reglas detalladas de cómo comportarse de acuerdo con los principios de la marca, logrando que en muchos contextos culturales puedan o no compartirse (recordemos que el código es una declaración unilateral, es decir no hay ningún proceso de negociación colectiva para establecer los estándares que se recogen).

Desde una perspectiva legal un código constituye una especie de contrato (ya sea porque es directamente vinculante o porque es accesorio) que obliga a terceros a adherirse a sus propios principios. Esto tiene dos efectos: uno positivo en el que el comprador/proveedor asume un mayor riesgo en el comportamiento de personas y prácticas que dependen de éste, pues mientras más detallado el código las probabilidades de rescindir el contrato aumentan en caso de incumplimiento, por consiguiente, pueden contribuir a lograr una industria mucho más sostenible.

El efecto negativo, es que existe de facto una especie de “exportación” de leyes de países desarrollados que (aunque se quiera), no son aplicables en ciertos países en vías de desarrollo. A esto hay que añadir que existe una gran diversidad de metodologías que hacen que no tengan control (voluntaria o involuntariamente) sobre las condiciones que imponen sus proveedores a sus trabajadores. En consecuencia, es obligación también de la empresa generar las condiciones para lograr cumplir su código con sus principios, realizando auditorías y monitoreos constantes y eficaces.

De acuerdo con la organización Ropa Limpia: “la mayoría de las auditorías sociales que se realizan de forma apresurada, superficial y con previo aviso a los propietarios de las fábricas, se han mostrado claramente ineficaces para detectar las dobles contabilidades y los fraudes, así como para arrojar algo de luz sobre las largas cadenas de subcontratación.

Está muy bien que en el código de conducta se establezcan las mejores prácticas, pero pierde su eficacia si no se aplica, entendiendo de antemano que dichas prácticas serán incumplidas en algún país.

El término RSC es muy amplio y tiene diversas herramientas que son adaptables a cada situación en particular, de modo que no se pueden equiparar y comparar a todas las empresas por igual, pues su aplicación varía en función del sector en el que se desarrolle, el área geográfica en donde opere o si se aplica a una pyme o a una multinacional.

Lo anterior, no es excusa para implementar en tu empresa políticas que tengan en la mira superar los problemas actuales y que fijen como objetivo cumplir con su rol dentro de la sociedad, mostrando una preocupación y responsabilidad verdadera de sus efectos e influencia. Si quieres comenzar a elaborar un código en tu empresa, te recomiendo seguir el esquema que propone Clean Clothes Campaign o revisar las políticas de grandes marcas como Stella McCartney o Toms.