Foto tomada de la marca 9Brand: moda regenerativa


Desde hace más de 5 años venimos escuchando la palabra sostenibilidad en todos los procesos que involucran al sistema moda y en los últimos 2 años, se ha convertido en tendencia denominar cualquier producto, marca y acción como sostenible, ¿acaso es una estrategia de marketing? Eso aún no lo sabemos, pero lo que sí es cierto, es que mientras muchos se han quedado hablando de moda y sostenibilidad, otros han saltado a la moda circular y algunos más osados ya lo hacen en términos de moda regenerativa. La pregunta es ¿de qué están hablando?

Y aquí nos ponemos un poco conceptuales.

Antes de adentrarnos en el sector fashionista, necesitamos entender qué es un proceso regenerativo, qué pasos involucra, cómo se logra y lo más importante, cuál es su aplicabilidad en esta industria.

La regeneración es un proceso natural que consiste en la reparación de células, tejidos y partes de una planta y/o animal, para que todo su organismo funcione de forma completa y equilibrada. Por ende, este término no es algo nuevo y aunque ha estado presente durante siglos, hasta ahora -teniendo en cuenta los déficits ambientales y la curva de alerta del calentamiento global actual-, expertos, investigadores, académicos y proveedores textiles, han dejado de lado el objetivo de sostener, para empezar a regenerar los ecosistemas y lograr así la preservación de todos los recursos y hábitats que hoy componen al planeta, sus formas de vida y otras interacciones creadas por el hombre y los procesos de industrialización.

Estos son algunos sinónimos que devienen a la palabra REGENERAR: Reconstruir, Rehabilitar, Reformar, Reconstituir, Recuperar, Renovar, Restablecer. Curiosamente todos empiezan con R, sumándose a uno de los principios de acción de la economía circular; así que en este punto, se dibuja una triada ecológica y económica construida por la necesidad de lograr un mundo sostenible, con procesos circulares y acciones de regeneración de los ecosistemas que permitan sostener ¿lo vieron? Acabamos de crear un círculo de trabajo donde cada acción deviene de la anterior y están en armonía bajo un mismo propósito. Y algo adicional, cada una de estas palabras que hoy asumimos en el mundo mercantil, surgen de la forma en que funciona la naturaleza para mantenerse en el tiempo.

Entonces, así como en 1987 se habló por primera vez de desarrollo sostenible, en el 2006, Bill Reed escribió sobre la necesidad de cambiar la sostenibilidad por la regeneración y a partir de allí se convirtió en un referente mundial en desarrollo regenerativo con el fin de cambiar la forma en que como humanos habitamos la tierra. Más tarde, en 2016, Daniel Wahl, publicó su libro llamado “diseñando culturas regenerativas”, donde aborda la mirada de distintos expertos en el tema y centra su atención en las prácticas del trabajo regenerativo, así como las herramientas que otros están empleando en sus propias investigaciones.

Imagen tomada del artículo: "Vivimos en el siglo de la regeneración"

Los procesos regenerativos hoy se articulan en el desarrollo de plataformas virtuales a gran escala, modelos de negocio, cultivos de alimentos y espacios creativos. Y la moda, claramente no podía ser ajena a estas nuevas propuestas.


¿Cómo funciona esto en la industria de la moda?

Para entender de qué va la moda regenerativa debemos mirar las prácticas que se están logrando en la agricultura regenerativa, esto, debido a que los procesos para obtener las fibras textiles es uno de los pasos con mayor impacto negativo en el medio ambiente.

Este tipo de agricultura aboga por la diversificación de los cultivos y la eliminación de actividades como la labranza con el fin de no agotar el suelo, estimular su actividad biológica y permitir el nacimiento de microorganismos como las lombrices de tierra que sirven como fertilizantes. Además, estas prácticas permiten la absorción de dióxido de carbono de la atmósfera para transformarlo en materia orgánica que sirve como alimento del suelo, la reducción en las emisiones de otros gases, el cero uso de pesticidas y utilizan únicamente los recursos que puedan regenerarse, sin emplearlos más rápido de lo que tardarían en hacerlo.

“La tierra debe tener el potencial de alcanzar un equilibrio evolutivo. Esto significa que el suelo, los océanos, las plantas, los animales, la atmósfera, el ciclo del agua y el clima de la tierra, pueden interactuar de forma natural como lo hicieron sin la interferencia humana. Si somos conscientes de esto y no interferimos con los sistemas de la tierra, entonces esto es posible”. John D. Liu

Uno de los principales objetivos de estas nuevas formas de cultivo es lograr que la tierra produzca humus, una capa superior del suelo, rica en nutrientes necesarios para aumentar la biodiversidad, retener agua y evitar la escorrentía y permitir un equilibrio entre todos los microorganismos que habitan la naturaleza. A esto se le suma propiciar un pastoreo responsable, con el fin, en el caso que nos compete, de obtener lana y pelos empleados para fibras de origen animal, responsables con el medio.

Pensar en cultivos de algodón, lino, yute, cáñamo y la obtención de materia prima para lograr fibras artificiales bajo prácticas regenerativas, asegura no sólo un aporte para contrarrestar los efectos del cambio climático, sino también, procurar generar sistemas de gana-gana, donde se restaura la tierra, se aumenta la biodiversidad, se elimina dióxido de carbono, se logran fuentes hídricas saludables y se estabilizan los ciclos naturales de producción.

“Devolverle a la naturaleza más de lo que utilizamos”, es la consigna con la que hoy se implanta la moda regenerativa que va desde la forma en que fue cultivado el material, hasta su capacidad de introducirse nuevamente al ciclo productivo, tal como lo plantea la economía circular. Aquí pensar en semillas de algodón cultivadas con arroz, maíz, flores silvestres y la ayuda de las abejas, es el primer paso para luego centrarse en prendas que puedan mantenerse en el tiempo por su durabilidad, diseño y calidad, pensadas para reducir su impacto durante el consumo y capaces de convertirse en una nueva propuesta cuando ya no estén en condiciones de ser usadas nuevamente. Nada se puede dejar al azar y aunque ya hay marcas que se denominan como regenerativas, lo cierto es que aún hay mucha tela que cortar.