Para nadie es un secreto que el papel de la agricultura en el desarrollo y sustento de la humanidad ha sido vital desde sus inicios. La agricultura puede ser entendida como el cultivo y cría de animales y plantas con el objetivo de proveer recursos como alimentos, materiales y biocombustibles a la sociedad humana y mejorar las condiciones de vida de ésta. Sin embargo, la extracción y uso desmedido de los recursos finitos que provee la naturaleza lleva a que muchas, por no decir todas, de las prácticas conocidas hasta hoy dentro del campo de la agricultura no sean sostenibles en el tiempo. Ante esto, suena paradójico decir que la agricultura es sustentable, pues gran parte de la producción de alimentos y fibras dependen de insumos de energía provenientes de combustibles fósiles, haciendo que el suelo sea vulnerable a la erosión y llevando a una pérdida progresiva de tierras productivas a nivel global. Cerca del 80% de las tierras destinadas a la agricultura en el mundo presentan niveles de erosión de moderados a severos, mientras que tan sólo un 10% tiene un nivel bajo, junto con las enfermedades de los cultivos, la erosión del suelo se convierte en una de las causas que genera mayor preocupación en la agricultura contemporánea.

Como resultado de una mayor conciencia ambiental, desde la década de los 70s se mostró gran interés acerca de las consecuencias negativas de la agricultura industrializada, donde los monocultivos son parte del panorama y a partir de allí, surgieron los movimientos de agricultura sostenible y agricultura orgánica. Pero necesariamente, ¿estos movimientos incluyen una agricultura regenerativa? todas las soluciones sostenibles pueden ser insostenibles a largo plazo si éstas, intrínsecamente, no son también regenerativas. Adhiriéndonos al concepto de regenerativo, este significa que un ítem o un sistema tiene la capacidad inherente de volver a existir de nuevo y restaurar (eco)sistemas que se habían perdido; así, existe una regeneración de suelos, bosques, flujos de agua y atmósfera. Un ejemplo claro de esta propiedad regenerativa es un bosque en sus condiciones naturales. Allí no existen restos o desperdicios y el detrito generado en un año se convierte en el suelo que permite la generación de nueva vida al siguiente año.

Un sistema regenerativo contempla dentro de sus características la generación de hábitats (como por ejemplo la generación de suelo), la purificación de fuentes hídricas y la mejora de la fijación de nitrógeno y carbono en el suelo, siendo estos elementos esenciales para las buenas condiciones de la tierra.

Como objetivo principal, la agricultura regenerativa tiene la intención de mejorar la salud del suelo y restaurar suelos altamente degradados, lo que a su vez mejora la calidad del agua, la vegetación y la productividad de la tierra. Generalmente este tipo de agricultura emplea técnicas que se utilizan en la agricultura orgánica con la idea de preservar y/o construir materia orgánica del suelo. Ejemplos de estas técnicas son la labranza mínima, cultivos de cobertura y abonos verdes, el compostaje y la rotación de cultivos. Dentro de sus prácticas exigen evitar el uso de insumos artificiales como pesticidas, fertilizantes y herbicidas, pues estos tienen un impacto negativo en los organismos vivos del suelo a través del tiempo. Existen algunos enfoques que pueden servir para los propósitos de la agricultura regenerativa, entre ellos la gestión holística (HM por sus siglas en inglés), el subsolado o arado del subsuelo Keyline y el enfoque impulsado por el instituto Rodale.

Comenzando con HM, esta práctica fue fundada por Allan Savory y presenta similitudes con la permacultura, la cual combina tanto el conocimiento científico como el conocimiento ancestral proveniente de pueblos primitivos en un sistema, para generar todo lo que necesita el ser humano, teniendo como base la mejora en los recursos existentes y haciendo uso de todos los desechos de plantas, animales y actividades antropogénicas con el fin de proveer un beneficio a otras partes del sistema. Bajo este enfoque se ha definido por ejemplo la práctica de pastoreo planificado holístico, donde se mueven grandes manadas de animales alrededor de pastizales imitando el comportamiento salvaje, donde estos grandes grupos se mueven para protegerse de depredadores y pastorean intensamente en una parte de la tierra antes de pasar a otro lugar.

Con respecto al subsolado Keyline, esta práctica es esencialmente un método de diseño del paisaje que se centra en la captura de agua que normalmente no se quedaría retenida en la tierra, logrando la construcción de nuevos y más profundos suelos. Este diseño tiene en cuenta la topografía natural del terreno y la usa para determinar la mejor ubicación tanto para represas de agua, como para las áreas de riego, carreteras, cercas, edificios y zonas de forestación. Finalmente, Robert Rodale acuñó el concepto de agricultura orgánica regenerativa donde se busca cultivar la mayor cantidad de productos, haciendo uso de la menor cantidad de recursos posible, de tal manera que revitalice el suelo en lugar de agotarlo, contribuyendo al secuestro de carbono necesario para la mitigación de los efectos adversos del cambio climático.


Ahora, ¿cómo se articula la agricultura regenerativa con la industria de la moda?

Así como la industria de los alimentos se ve directamente beneficiada de las actividades de la agricultura, ésta también provee a otras industrias de diversas materias primas como biocombustibles y plantas para lograr textiles de origen natural. Estas sinergias pueden efectivamente impulsar un cambio en el sistema actual de producción masiva de materiales como algodón, lino, cáñamo, bambú, entre otras fibras, por insumos provenientes de cultivos regenerativos, ayudando a (re)producir la capa de tierra vegetal que contiene los nutrientes necesarios para la protección de la biodiversidad. Si bien el movimiento de la agricultura regenerativa es bastante nuevo, existe un potencial lo suficientemente grande para que marcas reconocidas por su compromiso ambiental y educativo como Patagonia y Prana, logren junto a los consumidores impulsar estrategias de rediseño para el sistema actual, de modo que la base de los recursos se restaure y revitalice por medio de servicios ecológicos naturales.

Uno de los más renombrados materiales en el mundo textil para implementar esta nueva apuesta dentro de la agricultura es el algodón. Y es que este material representa casi el 30% de las fibras consumidas en la industria textil a nivel mundial y además, la producción tradicional de textiles a base de algodón tiene una alta demanda de insumos tales como insecticidas, fertilizantes y enormes cantidades de agua tanto dentro de su etapa de cultivo y producción; como ejemplo, para producir un kilogramo de algodón se utilizan 20.000 litros de agua. Ante este panorama y reconociendo los beneficios de la agricultura regenerativa, las marcas mencionadas anteriormente cuentan con la Certificación Orgánica Regenerativa donde sus colecciones son hechas de fibras 100% de algodón orgánico, al tiempo que abarcan temas como el bienestar social a través del comercio justo y los principios de equidad con los agricultores y trabajadores, el bienestar animal y la calidad y salud del suelo buscando revitalizar la tierra y la vida que ésta produce.

Mediante el uso de métodos de agricultura regenerativa, es posible no solo aumentar la cantidad de material orgánico en los suelos existentes, sino también construir nuevos suelos. Esto tiene el efecto de reducir el carbono de la atmósfera, al mismo tiempo que mejora la estructura, salud y fertilidad del suelo, junto con un mayor rendimiento de los cultivos, mejores sistemas para la retención de agua y la prevención de la erosión de la tierra.