Recientemente tuve la oportunidad de ver la Masterclass Diseñar la Sostenibilidad desde lo Local y lo Tropical, donde al final, se generó un debate bastante interesante. Una de las participantes, Lilly Mejía, llamó mi atención por su carisma y sus aportes informados, encaminados principalmente en el área de la sostenibilidad empresarial. Un tema del que todos hablan, pero pocos saben y que necesariamente deberíamos conocer, en especial si se está emprendiendo un negocio en moda sostenible. Pero ¿por qué es un tópico tan importante? Decidimos contactar a Lillyana Mejía, experta en asesorar emprendimientos en temas de sostenibilidad empresarial, quien nos contó en esta entrevista de qué va la sostenibilidad desde su perspectiva y hasta cómo aborda temas como el feminismo.

¿Vale decir que es la primera vez que entrevisto a alguien? Pues bien, al momento de formular la primera pregunta me arrepentí un poco, pues pienso, como Lilly, que la pregunta que le hice es una de las más difíciles de responder: ¿quién eres?

Lilly Mejía: Para responder tu pregunta voy a utilizar una anécdota de Jaime Garzón (un periodista y humorista colombiano) quien decía, que no se explicaba por qué al empezar una entrevista siempre empezaban con una pregunta filosófica que no tiene respuesta “¿quién eres?”.

Vivo en Cali, Colombia, soy abogada y he vivido en Estados Unidos y Bogotá. Pero fue en mi tierra natal donde estalló mi amor por la moda sostenible. Mi vida profesional siempre ha estado orientada hacia temas sociales, empecé con asuntos de anticorrupción y continúe investigando en la academia temas de conflicto armado colombiano y justicia restaurativa. También participé en la “movilización de recursos” al trabajar con víctimas y coordinar una investigación de fundaciones corporativas que, como fenómeno social que son, se unen a los esfuerzos que hacen parte del universo de la responsabilidad social empresarial. Desde entonces, me enfoque en la consultoría en sostenibilidad, especialmente desde la perspectiva social.


2. ¿Cómo diste el giro hacía la consultoría en sostenibilidad en la industria de la moda?

Lilly Mejía: Uní una pasión que tenía por el acto de vestirme, en un inicio muy irresponsable e insostenible, pero pronto empecé a replantear mis hábitos de consumo de moda y me pregunté ¿por qué no se sabe de esta industria? Me di cuenta de que a las consultoras en sostenibilidad -sin generalizar- no parecía interesarles entrar a conocer esta industria. El sector de la moda no habla como habla el sector de la sostenibilidad y eso me ha generado muchas preguntas.

Cada día puedo reafirmar la posición de Gina Borré quien dice que “la moda es un acto político”, a partir de esa frase empecé una revolución interna para cuestionar profundamente el sistema moda y desde el 2017 que empecé con esto, hasta el año 2020 decidí empezar a trabajar de la mano de Angela Sarmiento para comenzar el Hub de Moda Sostenible, que me ha permitido lograr entrar a espacios y proyectos muy cerrados y a partir de allí, realizar un entrenamiento como líder de cambio climático para Climate Reality Project, que me hizo entender muchas cosas con mayor precisión y abrir mi perspectiva a problemas ambientales que no estaban en mi rango de acción.


3. ¿Cómo ha sido tu recorrido como asesora en sostenibilidad empresarial?

Lilly Mejía: Hoy no es un día esperanzador -sonríe y continúa- no ha sido fácil, pero todo lo fácil está hecho.

A las empresas en general les cuesta transitar hacia la sostenibilidad y les cuesta por el sistema que hemos creado y sobre el que ellas nacen. Para ellas, pensar en sostenibilidad no va más allá de una perspectiva de marketing con pequeños cambios empresariales. No puedo generalizar porque claramente dentro de mi experiencia he visto esas pequeñas pepitas de oro que iluminan todo, pero a las empresas en general, les cuesta. Piensa que un esquema empresarial tiene palabras tan arraigadas como “crecimiento”, “generación de valor económico”, “generación de riqueza”... que hay que romper.

Claro que la sostenibilidad no es tan nueva como creemos, pero tampoco es tan vieja como para haber logrado las transformaciones que necesitamos y los cambios de paradigmas arraigados son muy difíciles de romper y la sostenibilidad, rompe.

Me gusta explicar el problema de la “sostenibilidad” con un concepto de Mike Davis, que publicó en su libro “Control urbano: la ecología del miedo” y me parece que es la mejor forma para responder tu pregunta:

“Se ha construido un guión en torno a la sostenibilidad entendida como una serie de dispositivos técnico-directivos, a menudo caracterizados como radicales o innovadores, que deben asegurar que la civilización tal y como la conocemos pueda continuar, es decir, se llama una revolución, sin cambio revolucionario.”

En mi recorrido personal he estado evaluando profundamente el valor del dinero -sin decir que no lo merezca o lo necesite- pues encuentro que la conversación en torno al dinero es uno de los grandes retos de la sostenibilidad. Desde que empecé a asesorar en sostenibilidad empresarial, la palabra clave ha sido “retorno”, si la sostenibilidad no genera retornos a la empresa, las empresas van a pensar que la sostenibilidad no es un camino viable, es decir, si no me genera retorno, entonces la sostenibilidad no me sirve. Pero, para que una empresa sea rentable ¿qué tipo de retorno necesita? Qué mejor retorno que perdurar en el tiempo (definición pura y dura de sostenibilidad) frente a las crisis que estamos viviendo. Entonces, la pregunta que nos deberíamos hacer es: ¿cómo va a perdurar mi empresa? (les dejamos un curso super interesante sobre cómo medir estrategias de retorno sostenibles)

Por ejemplo, una de las teorías del origen del virus del Covid-19 se da porque hemos traspasado las fronteras agrícolas generando contacto con una serie de animales con los que no habíamos tenido contacto y en consecuencia nace una nueva enfermedad zoonótica. Un virus, en apariencia tan diminuto, cierra las fronteras de una industria como la de la moda, que ya de por sí está brutalmente segmentada, pues la obtención de la materia prima se limita y por lo tanto, el producto terminado también. En Colombia se han perdido muchos trabajos, sólo la industria de la confección generaba hasta enero del año pasado aproximadamente un millón y medio de puestos de trabajo, en su mayoría de mujeres. Estas mujeres y trabajadores representan la base de la pirámide, pero no olvidemos que también se perdieron trabajos en todos los niveles y entonces te pregunto ¿quiénes son los que consumen? ¿de qué te sirve perseguir un “retorno” si no tienes a alguien con la capacidad de adquirir tus bienes debido a un virus?

Tenemos que redefinir y reevaluar conceptos como los de “crecimiento” y “retorno” para plantearlos en términos sostenibles y de generación de justicia social y planetaria.

A las empresas les cuesta mucho, sin embargo, hoy existen emprendimientos sociales que desde el principio están buscando apelar a un problema social o ambiental. Una parte de mi esperanza está en ellas.


4. Y ya que mencionaste el Covid-19 ¿crees que la pandemia ha generado que más empresas apuesten hacia la sostenibilidad?

Lilly Mejía: Probablemente el Covid hizo que algunas empresas se cuestionaran el tema de la sostenibilidad, pero también encuentro que hay una tendencia en abordar la sostenibilidad por empatía a la situación o por mostrar algún tipo de compromiso.

Se respira una sensación de que las empresas están tocadas, pero sigue siendo más fuerte el tema de vender, crear colecciones y vender aún más, que de verdad reflexionar sobre el propósito de la marca, cuál es su cadena de valor, cuáles son sus impactos, eso no lo he visto.

Hay una serie de marcas que les tengo mucha fe en Colombia una de ellas es Wonder For People fundada por Makis Medina. Makis es doctora en psicología y creó la marca después de la observación de su entorno, su marca ha ganado diversos premios por impacto social y ambiental, tiene locales en Bogotá y Cartagena y genera 14 puestos de trabajo directo, con todo esto no pudo aplicar a los beneficios o ayudas del Covid que el gobierno colombiano otorga “por ser una empresa muy riesgosa”. Me golpeó mucho, pues las marcas que creen en la sostenibilidad son las que van a desaparecer. Otras marcas en su situación y que se están haciendo las preguntas correctas son Priah Heritage Design, Juan Pablo Socarrás y María Luisa Ortiz, que este tiempo les ha servido para preguntarse ¿quiero seguir haciendo ropa para colgar en un perchero? una pregunta muy válida en torno a la sostenibilidad, preguntarse el por qué seguir haciéndolo.

Entonces, por un lado, hubo marcas que se montaron en el hervor del marketing y del oportunismo pero también hay otras que siento que se están haciendo las preguntas adecuadas y desde ahí están redireccionando el timón.


5. Tomando en cuenta las perspectivas de las que me hablas y si yo fuera una marca en busca de transitar hacia la sostenibilidad y leo tus respuestas anteriores, seguro termino devastada, en tu opinión ¿qué perspectivas de negocio obtendría al convertirme en una empresa sostenible?

Lilly Mejía: Primero hay que tener en cuenta que ser 100% sostenible no existe, es una gran mentira, sobre todo si hay fabricación de productos nuevos a partir de materias primas nuevas, porque involucra uso de energía, agua, químicos, abarca muchos aspectos de la sostenibilidad.

El hecho de que existan consultores en sostenibilidad nos dice que hay un conocimiento específico de cómo abordar la sostenibilidad. Cuando empecé, la primera pregunta que me hice fue saber cuáles son los asuntos de sostenibilidad de la industria de la moda, entendiendo por ello, las temáticas de sostenibilidad que giran alrededor de la industria. No todas las industrias impactan igual, ni en los mismos puntos, hay que analizar dónde, cómo y cuáles son los impactos de acuerdo con la industria y de ahí partir a un análisis a nivel local, regional e internacional.

Para empezar, hay que preguntarse el para qué de la marca. Simon Sinek en su libro Golden Circle dice que la primera gran pregunta que hay que hacernos es: “para qué estoy creando la marca”, y la respuesta automática no debería ser “para hacer plata” eso es la consecuencia por hacer las cosas bien y por eso es uno de los primeros eslabones que tenemos que repensar dentro de la sostenibilidad.

Me he encontrado con marcas que no saben cómo transitar hacia la sostenibilidad y yo siempre he pensado que todo está en su propósito, el para qué y el por qué. (Por eso te dejamos el link de inscripción al taller: crea tu marca con valores sostenibles)

Vivimos en un mundo hiperconectado, donde se celebra la rapidez, la eficiencia, el burning out, una marca como Naos, por ejemplo, piensa en que descanses y en que descubras el placer de descansar mientras te acompaña con una pieza de ropa, a partir de ahí, la marca tiene mucho material para desarrollar su temática de sostenibilidad: la observación de la naturaleza, la contemplación, el cuidado.

Te doy otro ejemplo, yo llegué al puerto de los feminismos muy vieja -tengo 42 años-, y estoy revaluando y cuestionando muchas cosas, entre ellas la sensualidad y el cortejo y nunca me había puesto a pensar en mi ropa interior hasta que me llega una consultoría con una marca que se llama Bruna. Una de las cosas que me sorprendió es que Bruna decía que la sensualidad es un derecho y siendo abogada yo pensaría que la sensualidad es un término metajurídico, pero, ¿y si uno piensa que es un derecho a mostrar,? cito a Gilles Lipovetsky en su libro “Gustar y Emocionar”:

“La seducción es consustancial a lo vivo, antes de ser un artificio, un señuelo, una estrategia, es un dato inmediato de la experiencia sensitiva y afectiva.”

Todo esto porque la marca se preguntaba “¿por qué no puedo encontrar goce y seducción en mí misma por ser una mujer con curvas? Hablando con la persona que está detrás de la marca, encuentras que hay un “para qué” muy profundo.

¿Y la sensualidad qué relación tiene con la sostenibilidad? La sostenibilidad es un paradigma ético unido a una cantidad de cuestionamientos que están en otros espectros del pensamiento (por ejemplo, en los feminismos). La sostenibilidad implica reflexionar claramente sobre quiénes somos y cómo nos vamos a mostrar al mundo.

Entonces ser sostenible es ser más ético, más humano…

Bruna me tocó por mi recorrido en los feminismos y por los cuestionamientos que me estaba haciendo, no hay que olvidar que el mayor consumidor de la industria de la moda son las mujeres y por eso hay que preguntarse ¿qué mujer habita ese mundo a través del desarrollo sostenible? ¿cómo es esa mujer? ¿está amarrada dentro de la cárcel del patriarcado o de los machismos o es una mujer que está revaluando, conociendo y apreciando su cuerpo? Y así aparecen marcas que te acompañan, claramente está presente el acto de consumir, pero lo valioso es darte cuenta desde dónde consumimos.

Para cerrar con el tema del propósito, he venido trabajando en una idea del “principio de bienestar extendido”, si se asume que la moda genera un bienestar subjetivo, qué pasaría si ese bienestar personal trasciende a lo colectivo. A través de sus acciones las empresas conocen sus impactos.

Conozca cómo impacta su marca. Actualmente hay muchas herramientas para saber cómo impacta tu marca, la Academia de Moda Sostenible es un excelente ejemplo. Las soluciones que tenemos ahora hacen a la sostenibilidad muy imperfecta lo que implica que hay que reevaluar la marca en 2, 3 o 5 años, pero existe ese ánimo y el hambre de conocimiento. La mayoría de las marcas pequeñas maquilan, pero todas quieren transitar y decir “soy sostenible”. Ser sostenible no es un verbo, la sostenibilidad no es, la sostenibilidad se hace. Cuenten por ejemplo cuántas mujeres trabajan en esas maquilas o talleres de confección, qué edades tienen, dónde viven, tienen hijos menores de edad, es un sector que se ha ido envejeciendo y es algo que no hemos visto y con pequeñas acciones se generan grandes cambios.

Por ejemplo, llegó a mí una marca muy pequeña, Amaría, su creativa realmente quería transitar hacia la sostenibilidad, pero estaba muy preocupada por la falta de recursos y la pandemia, Le pedí que me describiera su cadena de valor y así llegamos a una mujer que para ella representaba la marca por su total compromiso y porque traducía a patrones todo lo que es la marca. Hay que saber que el rol que cumplen las personas que confeccionan y que cortan, se vuelve muy íntimo para ellas y para las marcas pequeñas, pero ellas -las personas que confeccionan- tampoco están conscientes que pueden ir más allá de ser solo generadoras de recursos. Recordemos el principio de bienestar extendido y pensemos cómo puedo potenciar ese recurso.

Entonces, para transitar hacia la sostenibilidad por qué no miras a esta mujer y sus problemas y desde tu acción empresarial ayudas o potencias, a esto se le conoce como “diálogos con grupos de interés” y es parte vital de la sostenibilidad. Amaría concluyó que la mejor forma de ayudar a la mujer era a través de sus dos hijos adolescentes, deportistas de alto rendimiento, apoyándolos en sus entrenamientos por cinco años. Ahí hay una meta y una causa clara, pero no basta con eso, hay que medir tu aporte. Así, una empresa tan pequeña como Amaría a través de una canalización muy puntual puede generar un cambio, pues resulta que uno de los jóvenes acaba de entrar a una competencia importante.


6. En este orden de ideas y retomando el concepto que dabas de sostenibilidad de Mike Davis como un término tan técnico, hablando del tema social ¿cómo se debe promover la sostenibilidad en países o regiones donde los índices de pobreza son muy altos? ¿Se puede equiparar el mismo término de sostenibilidad en Colombia o México que en Estados Unidos?

Lilly Mejía: Nunca son equiparables. Se deben contextualizar las problemáticas y conocerlas. Hay un concepto que viene desde la responsabilidad social empresarial que nos habla de evitar acciones de “buenismo” o acciones para "quedar bien". Volviendo al ejemplo de Amaría, a mí me preocupa que la acción que está haciendo, eventualmente se vuelva de buenismo por no tener metas claras. Si una marca decide irse por la dimensión social y entender el estadio de las maquilas y contextualizar las problemáticas de esas mujeres, no debe ser una acción para una colección, tienen que ser una acción de largo aliento.

La sostenibilidad es de largo aliento, es una mejora continua que debe ser medible. Las marcas deben saber cómo impactan porque es la única forma para mejorar sus acciones. No sirve de nada abordar todas las acciones “a la loca” porque lo único que hacen es generar desgaste en las empresas, que terminan por decir “sostenibilidad no voy contigo”.

Por ejemplo, si yo traigo mi producto/material de otro país estoy generando una huella de carbono importante, ¿cómo la voy a balancear? no basta con decir que me voy a sembrar arbolitos, no, hay que ponerse una meta y buscar un aliado que sepa de árboles, hacer un plan a mediano y largo plazo y establecer cuántos árboles se van a plantar, qué va a pasar con esos árboles y sobre todo informar a su consumidor.

Las empresas tienen una responsabilidad gigantesca de educar a su consumidor no desde la mentira o desde el greenwashing o el social washing, sino desde la información, haciendo campañas que sean de largo aliento, midiendo las acciones y sobre todo buscando aliados y colaboraciones, el ser humano sobrevive a través de la colaboración no de la competencia.


7. Para cerrar esta plática tan interesante, háblanos del futuro del Hub Moda Sostenible.

Lilly Mejía: En lo personal visualizo al Hub como un espacio en Colombia que conecte una red de organizaciones de moda sostenible en Latinoamérica para generar proyectos conjuntos, potenciar conversaciones e influir en política pública.

El Hub tendrá una parte necesariamente educativa, pero también la parte de consultoría activa para empezar a trabajar directamente con las empresas. El Hub debe ser ese espacio que reúna a profesionales interdisciplinarios pues la sostenibilidad necesita filósofos, antropólogos, abogados, economistas, administradores, financieros y personajes que quizás nunca han mirado a la moda pero que tienen el conocimiento de buenas prácticas. Ese es mi sueño encontrar ese pool de consultores.

Me despido de Lilly y me quedo con un aspecto mucho más ético y filosófico en torno a la sostenibilidad.