Para algunos el hecho de usar o no cierta prenda de vestir, conlleva un significado que va más allá de encontrar algo que nos cubra o resalte nuestro cuerpo. Puede ser que la moda, como universo marcado por las tendencias y los estereotipos socialmente aceptados no es de interés para todo el mundo, pero el simple hecho de adquirir una prenda de vestir, un accesorio o un producto cosmético, nos hace partícipes de una industria que desde hace siglos se ha convertido en un evento inseparable del ser, desde su nacimiento y con mayor ahínco en el desarrollo de la vida moderna.

Cuando nos vestimos y adornamos, le estamos comunicando al mundo algo de nuestra personalidad, algo de nuestra esencia, y al ser seres sociales, empezamos a hablar de cuerpos socialmente vestidos con un claro componente social, político, económico, cultural y hasta religioso.

La moda es transversal a cualquier estructura inherente a la sociedad; es un gusto, un uso, una costumbre dada durante un tiempo y espacio determinado, que de forma cíclica regresa a los mismos espacios durante diferentes períodos de tiempo, hay otras que se esparcen por muchos lugares y finalmente, otras permanecen en el tiempo de modo más constante. En esta constancia hay prendas de vestir que son más atemporales y expresan la cultura y los valores de sus territorios y mantienen vigente todo un cúmulo de saberes generacionales. Las telas africanas, son una muestra de ello y una de los principales referencias en la industria de la moda. Este tipo de textiles están impregnados de símbolos subyacentes que tienen su origen en el sistema de creencias de las comunidades, sus saberes ancestrales y el bagaje cultural de sus territorios.

Tal y como lo expone Squicciarino cuando afirma que el vestido habla, las telas también hacen lo propio. La explosión de colores y símbolos que conocemos en las telas africanas surgieron en Kenia a mediados del siglo XIX, cuando los comerciantes portugueses llegaron a la zona con tejidos provenientes de la India. En su inicio estos estampados remontaban sus orígenes en el sari indio y el sarong indonesio; después, la fusión con la tradición africana ha generado otros diseños y significados.

La denominada kanga proveniente de la costa oriental de África y es quizás la tela más representativa de lo que denominamos telas africanas. Esta tela se usa a modo de túnica para envolver y tiene impresos textos que se centran en el amor, los conflictos que han atravesado o en dichos exhortativos. Uno de sus principales usos es como regalo en ocasiones especiales o festivales: matrimonio, fin de duelo, nacimiento de un niño, fiestas religiosas o despedidas. La tela kanga se usa principalmente como envoltura para mujeres y es denominada una tela especial para la reserva del género femenino. En esta cultura, se dice que kanga tiene su conexión con la identidad del usuario a través de su relación con el cuerpo.

La tela tradicional kanga es una envoltura rectangular, tiene imágenes y refranes impresos y los proverbios se utilizan para comunicar silenciosamente mensajes entre miembros de la familia y forasteros. Donde la mujer no puede leer los refranes, las imágenes sugieren el significado y el mensaje. Sin embargo, los estilos occidentales se han infiltrado en la tela kanga tradicional en los últimos años, haciendo que el “nuevo kanga” prescinda de los típicos proverbios swahili que envían mensajes. Por lo tanto, no se puede decir que la tela kanga moderna tenga el mismo significado cultural que la tradicional.

Esta tela rectangular puede tener también diferentes nombres dependiendo de la región donde provenga. Kanga es de las más reconocidas, pero este tipo de tela tiene diferentes nombres. En África occidental y Congo se le llama pagne, en Mauricio, pareo; en Sudáfrica, kikoi; en Mozambique, capulana; en Madagascar, lamba; en Malawi, chitenge; y en Zimbabwe, zambias.

Estas telas han dejado de reservarse para ocasiones tradicionales o especiales y ahora han migrado hasta convertirse en una prenda básica tanto en África como por fuera del continente. Estos tejidos han despertado un alto interés por fuera de las comunidades que tradicionalmente los han usado. En un estudio hecho en el año 2013 por el académico Esenam Afua Dogoe titulado “Un estudio sobre el aumento del uso de tejidos africanos en las sociedades ghanesas y occidentales”, se evidencia a través de entrevistas y cuestionarios hechos a personajes de la industria de la moda y consumidores, que el uso de estas telas proviene de su atractivo visual, en contraposición a factores culturales y que el boom del Internet fue clave en la difusión de la tendencia en Ghana cuando las telas comenzaron a usarse de forma más regular. Por otro lado, el país lanzó por ejemplo un programa (National Friday Wear Programme) donde los días viernes se usa oficialmente telas locales en el país en lugar de ropa proveniente de otros países.

En definitiva, debido a su uso frecuente y su propagación en el mundo occidental a través de los medios masivos de comunicación, estas telas pueden encontrarse con facilidad y portarlas como una prenda común y corriente en el día a día. Pero muy probablemente estemos usando una de estas telas sin entender que detrás de ellas hay un significado cultural y un contexto ancestral, más que un patrón de color llamativo y a la moda que podemos usar para vernos y sentirnos bien.

La globalización junto con el sistema capitalista han permitido que no sólo las barreras comerciales sino también las culturales se rompan por completo y si bien han creado una mayor concientización de la gran diversidad que existe en el mundo, también en esa apertura de barreras se ha ido desmaterializando el valor y significado de origen que tienen. No estoy en contra de portar una prenda o accesorio proveniente de una cultura diferente a la mía, pero por respeto y por interés en el sistema de creencias y tradiciones de otros grupos, en este caso a la población africana, debería interesarme por entender qué significan estas telas, cómo es su uso y sobretodo, buscar que sean manufacturadas por comunidades africanas, que están dispuestas a comercializarlas y que se les garantice un precio justo por las mismas. Si desde la comunidad de origen hay apertura a su comercialización y como consumidores finales somos conscientes y críticos al momento de comprarlas, la apropiación cultural será minimizada, al punto de poder eliminarla y brindar el respeto y valor que cada metro de tela merece desde su creación.

En Latinoamérica una de las prendas más comunes es el turbante o las diademas llenas de color y símbolos. Mercedes Argudín habla sobre el uso de éstos y su apropiación cultural, un artículo interesante que te invito a leer aquí. Por otro lado Angélica Balanta ha logrado dar protagonismo a la cultura afro en Colombia y el mundo a través de su marca de turbantes y ha expresado en varias ocasiones cómo este accesorio es representación de la resistencia afro en el país. Aquí puedes conocer un poco acerca de sus ideas para comenzar a comprender el origen de estas telas que van más allá de su colorido y contienen una carga simbólica que merece la pena explorarse.