CHINA vs. H&M: ANÁLISIS E IMPLICACIONES

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¿Sabías que durante los meses de marzo y abril de este año, China decidió cerrar las tiendas físicas y virtuales de marcas como H&M, Adidas y otras reconocidas empresas a nivel internacional?¿Qué pudo desencadenar este tipo de decisiones y cómo afecta a la industria de la moda?

Si quieres saber qué hay detrás de estos dos gigantes de la moda, sé parte de la Tribu y lee el artículo completo.

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La posición de China y las medidas comerciales registradas hace unos meses

El problema empezó hace más de un año cuando varias marcas occidentales como H&M y Nike publicaron declaraciones en las que expresaban su preocupación por el respeto a los derechos humanos en sus cadenas de suministro y afirmaban que no utilizarían en sus prendas algodón proveniente de la región de Xinjiang.

Efectivamente, estas marcas (y muchas otras de todo el mundo) tienen como punto de origen en su cadena de suministro Xinjiang, una región del noroeste de China que produce aproximadamente una quinta parte del algodón del mundo y el 87% de ese material en China. Pues bien, de acuerdo con diversos informes de organismos internacionales se ha denunciado en reiteradas ocasiones que para cosechar el mencionado algodón se emplea mano de obra forzada de grupos étnicos que viven en esa región, en particular de la población de los uigures.

Y cabe hacerse las siguientes preguntas: ¿por qué si estas marcas emitieron una declaración hace más de un año, el gobierno y la población en China reaccionan hasta ahora? ¿Realmente hay una preocupación real y transparente de las condiciones de los trabajadores en los cultivos de algodón por parte de estas marcas, o su postura obedece a algo más? Como todo en el mundo globalizado en el que vivimos, la respuesta involucra cuestiones económicas, políticas e intereses que a veces traspasan la lógica del deber ser. Casualmente el llamado al boicot de las marcas, se produjo en la misma semana en la que la Unión Europea (UE) anunció sanciones a cuatro individuos y una institución China por las presuntas violaciones de los derechos humanos que estarían aconteciendo en la región de Xinjiang, donde la prensa internacional se enfrenta a numerosas problemáticas para informar. De manera paralela, Estados Unidos, Reino Unido y Canadá anunciaron sanciones en el mismo sentido. China a su vez, respondió con sanciones a diez individuos y cuatro instituciones de la UE como represalia.

¿Sanciones?

Yo también me hice la misma pregunta. Las sanciones son medidas coercitivas diplomáticas que se aplican contra Estados, entidades no gubernamentales o individuos que suponen una amenaza para la paz y la seguridad internacional. Las medidas más frecuentes consisten en el establecimiento de restricciones de tipo económico-comercial o financiero, como los embargos de armas o las sanciones individuales que se dirigen contra determinadas personas, como la prohibición de su entrada en otros Estados o la congelación de sus activos. Justamente las medidas que se aplicaron a ciertos personajes e instituciones en China.

Algunos de las personas sancionadas en China, pertenecen a cargos públicos importantes y se les señala de participar de forma directa en respaldar prácticas de vulneración y violación de derechos de la comunidad uiguir en los cultivos de algodón: Zhu Hailun, ex secretario del Comité de Asuntos Políticos y Jurídicos de la Región Autónoma Uigur de Xinjiang, por considerarlo como el “arquitecto” del “programa de vigilancia, detención y adoctrinamiento a gran escala dirigido contra los uigures”.

Wang Junzheng, considerado “responsable” de las “detenciones arbitrarias y los tratos degradantes infligidos a los uigures” y de “violaciones sistemáticas de su libertad de religión”. Wang Mingshan, miembro del Comité Permanente del Partido en Xinjiang “responsable del mantenimiento de la seguridad interna y la aplicación de la ley en la región”, y como tal, “un puesto político clave encargado de supervisar el programa de vigilancia, detención y adoctrinamiento a gran escala”; y Chen Mingguo, director de la Oficina de Seguridad Pública de Xinjiang, organismo que ha lanzado un “programa de big data” utilizado para rastrear a millones de uigures y señalar a los que se consideran “potencialmente amenazantes” para enviarlos a campos de detención.

Lo anterior, no es un problema menor pues además de involucrar derechos fundamentales de grupos vulnerables, tiene crecientes implicaciones políticas y económicas.

Por un lado, a medida que la pandemia continúa afectando al comercio global, los consumidores nos hemos vuelto más conscientes al preguntarnos quién hace nuestra ropa y cómo son tratadas estas personas; de alguna forma, esto ha generado que las marcas se sientan presionadas para poner mayor atención en dar a conocer de dónde vienen sus productos.

Por otro lado, China se ha convertido en un centro de ventas cada vez más importante para la industria de la moda, dada su capacidad para escalar negocios en el sector y debido a las mínimas consecuencias que sufrieron por el Covid-19, permitiendo que muchas centrales de textiles, se posicionaran como proveedores idóneos a nivel mundial.

Xinjiang y el algodón del mundo

Hemos repetido en diversos artículos del blog de la Academia de Moda Sostenible, la importancia de conocer de dónde viene la materia prima de la ropa que elaboras o que consumes, pues es el primer paso para lograr un proyecto sostenible y por eso es fundamental que tengas en cuenta a las regiones más relevantes en donde se cultiva una de las fibras más importantes en la industria textil. El algodón, representa casi el 30% de las fibras utilizadas en la industria textil a nivel mundial y que además, tiene una alta demanda de insumos como insecticidas, fertilizantes y enormes cantidades de agua, tanto dentro de su etapa de cultivo como de producción.

Aproximadamente una de cada cinco prendas de algodón que se venden a nivel mundial contiene algodón o hilo de la región de Xinjiang.  Además, esta región es el hogar de muchos grupos étnicos, especialmente de los uigures, una minoría musulmana.

Los uigures son étnica y culturalmente un pueblo turco que vive en las áreas de Asia central, comúnmente conocidas como Turkestán Oriental. El área es vasta y constituye una sexta parte de la superficie total de la República Popular de China. Los uigures tienen una rica historia cultural que se remonta a casi 4.000 años de antigüedad. Antes de ser musulmanes en el siglo X, los uigures creían en el budismo, el maniqueísmo y el cristianismo nestoriano. Hoy en día, esta etnia  practica una forma moderada de islam y llevan una vida predominantemente secular. 

China se ha convertido en un centro de ventas cada vez más importante para la industria de la moda, dada su capacidad para escalar negocios en el sector.

Desde 1949, Turkestán Oriental se ha convertido en un campo de pruebas nucleares para el ejército chino, alberga un gran número de unidades militares y paramilitares chinas y es el lugar de numerosos campos de trabajos forzados, administrados por las autoridades chinas. La población de aproximadamente 23 millones incluye varios grupos étnicos musulmanes de habla turca, entre ellos, los uigures, que suman más de 11 millones de personas.

Al igual que los tibetanos, los uigures de Turkestán Oriental han luchado por la supervivencia cultural frente a la afluencia de migrantes chinos respaldada por el gobierno, así como a la dura represión de la disidencia política y cualquier expresión de su identidad distintiva, por legal o pacífica que sea. Informes mundiales documentan un patrón de abuso que incluye, encarcelamiento político, tortura y desapariciones. Los uigures están sujetos a trabajo obligatorio no remunerado en la industria de la infraestructura, hidrocarburos, gas y textil, con el fin de transferir los recursos de Turkestán Oriental a China continental.

Aunque oficialmente la región de Xinjiang es la más grande de las cinco regiones autónomas de China (lo que en teoría significa que tiene más autocontrol legislativo), el gobierno central se ha involucrado cada vez más en el área, diciendo que debe ejercer su autoridad debido a los “conflictos locales” entre los grupos étnicos y los chinos que se han trasladado a la región. Lo que ha dado lugar a restricciones draconianas, vigilancia, enjuiciamientos penales y campos de trabajos forzados.

Evidentemente, China niega todas estas acusaciones.

Aproximadamente una de cada cinco prendas de algodón que se venden a nivel mundial contiene algodón o hilo de la región de Xinjiang.

Furia en China

H&M y otras marcas como Nike, Adidas y Hugo Boss se enfrentaron -y siguen enfrentándose- a una reacción violenta de los consumidores chinos, como ser el blanco de ataques en las redes sociales, los cierres de sus puntos de venta, la desaparición de sus nombres en los principales buscadores chinos y la posterior eliminación de sus marcas en las plataformas de comercio electrónico de este país.

Esta reacción es impulsada por el sentimiento nacionalista tan arraigado que existe en la población oriental y que es amplificada por los medios de comunicación estatales chinos que continuamente venden la idea de que son “acusaciones directas y ofensivas para el estado”.

De acuerdo con el New York Times, los influencers en China ejercen aún más poder sobre el comportamiento del consumidor que en Occidente, lo que significa que juegan un papel crucial en la legitimación de las marcas y el impulso de las ventas. A esto hay que agregar que las celebridades e influencers chinas son extremadamente complacientes con el gobierno central y suelen afirmar públicamente sus valores nacionales, a menudo eligiendo de manera preferente a su país por encima de los jugosos contratos de marketing que les ofrecen en el exterior.

Expertos de la industria señalan que, las marcas de ropa seguirán teniendo dificultades para rastrear o trazar el grado de afectación de sus productos aún si se comprometieran a dejar de comprar algodón de Xinjiang.

¿Es posible saber si estoy usando una prenda de algodón de Xinjiang?

La verdad no es una tarea fácil. Las cadenas de suministro de la industria textil son complicadas y muchas veces las propias marcas no saben dónde y cómo se fabrican todos los componentes de sus prendas.

A esto hay que agregar una práctica común que se da en la industria, la subcontratación. La subcontratación de mano de obra significa que varias empresas pueden participar en la producción de un artículo. Por lo tanto, el trabajo forzado podría ocurrir en muchos puntos, incluso durante el cultivo y la recolección del algodón, la producción de hilos y telas y la fabricación del artículo terminado. Algunos expertos de la industria señalan que, las marcas de ropa seguirán teniendo dificultades para rastrear o trazar el grado de afectación de sus productos aún si se comprometieran a dejar de comprar algodón de Xinjiang.

Y ahora otro dilema ¿principios éticos o ganancias económicas?

Las marcas grandes y pequeñas, en la búsqueda por la sostenibilidad en mayor o menor medida, se enfrentan a situaciones como estas en las que o respetas y te mantienes con tu declaración de, en este caso, no comprar algodón a la región china de Xinjiang o pierdes el acceso al mercado de consumo más grande del mundo.

¿Qué pasa en un país en donde claramente la mayoría de los consumidores ven como una amenaza y ofensa directa este tipo de declaraciones? ¿Te enfocas en consumidores occidentales y sigues encaminado en adoptar una postura clara en temas sociales, éticos y de derechos humanos?

El crecimiento de la economía china es inminente y esto hace que las marcas que en un momento declaran una cosa, se desmarquen muy pronto y se contradigan o suavicen su mensaje. El mismo H&M en una declaración reciente dijo que China es un “mercado muy importante” y prometió “recuperar la confianza” de los clientes, colegas y socios comerciales del país.

Hugo Boss por su parte insiste en su sitio web en que no compra ningún producto directamente de Xinjiang. Sin embargo, en la plataforma china de redes sociales Weibo, la firma dijo a los consumidores chinos que “el algodón de Xinjiang es uno de los mejores del mundo” y que continuarán comprando y apoyando el algodón de Xinjiang. Horas más tarde, el mensaje fue eliminado.

Si realmente se busca generar un cambio, es fundamental que las grandes marcas se mantengan firmes en sus principios y valores.

Por otro lado y frente a lo que representa la medida actual en uno de los países con mayor dinámica de compra y venta de productos asociados a la moda, la cosmética y la belleza, conglomerados como VF Corp., (The North Face, Timberland) Inditex (Zara, Bershka) y PVH (Calvin Klein, Tommy Hilfiger), decidieron eliminar silenciosamente sus políticas corporativas contra el trabajo forzoso de sus sitios web.

Si realmente se busca generar un cambio, es fundamental que las grandes marcas se mantengan firmes en sus principios y valores pues los protagonistas de este problema no deberían ser las marcas, los gobiernos o los políticos sino las poblaciones más vulnerables que son las que sufren las afectaciones directas.

La región habitada por la etnia de los uigures está en peligro -por más que nos intenten señalar lo contrario- y la única forma de revertir eso es no contribuir en cualquier nivel de su cadena de suministro, desde el cultivo del algodón hasta los productos terminados, para evitar el uso del trabajo forzoso de los uigures y para terminar las relaciones con los proveedores que apoyan los sistemas de trabajo forzoso.

Si quieres ayudar o aprender más sobre el tema puedes consultar las siguientes fuentes:

End Uyghur Forced Labour

Uyghur Human Rights Project

End #ForcedLabourFashion

China’s “tainted” cotton

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