OLIMPIADAS TOKIO: CÓDIGOS DE VESTIMENTA 2020

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Durante el 2021 se realizaron las Olimpiadas de Tokio 2020. Como consecuencia de la emergencia sanitaria mundial provocada por el COVID 19, este evento histórico fue postergado un año, y por primera vez, se realizaron unos juegos olímpicos bajo estrictos controles sanitarios. Pero los códigos de vestuario, no pasaron desapercibidos y tienen mucho que decirnos…

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Durante el 2021 se realizaron las Olimpiadas de Tokio 2020. Como consecuencia de la emergencia sanitaria mundial provocada por el COVID 19, este evento histórico fue postergado un año, y por primera vez, se realizaron unos juegos olímpicos bajo estrictos controles sanitarios. 

 Las olimpiadas son un evento mundial de carácter deportivo, social y cultural y en los  últimos años, las miradas se han enfocado en analizar además del vestuario, las formas de relación cuerpo silueta, dadas en este tipo de eventos a nivel mundial. Como diseñadora de modas, siempre estoy observando la vestimenta característica de cada nación y este año, me despertó la curiosidad conocer y entender el origen y la  evolución de la vestimenta.

¡Hablemos de un poco de historia!

Según Patricia Reymond, miembro de la Fundación Olímpica para la Cultura y el Patrimonio, en las primeras olimpiadas cada atleta utilizaba su propia ropa deportiva, incluso en las ceremonias y eventos protocolares. Sin embargo, los organizadores de los juegos se dieron cuenta que era muy difícil reconocer el país de origen y que era necesario buscar una forma más práctica de representarlos. La primera idea fue utilizar insignias, parches, brazaletes e incluso petos con los colores de la bandera de cada país. Con el tiempo, esta idea fue evolucionando hasta el diseño de uniformes nacionales completos, únicos y especialmente diseñados para las olimpiadas  que hoy conocemos. Este cambio ayudó a que los espectadores pudieran identificar las diferentes naciones participantes y le inyectó un poco más de alegría al desfile característico de apertura de los juegos. 

Los uniformes olímpicos no están diseñados solamente para distinguir el lugar de origen del atleta, sino que también buscan evocar sentimientos de orgullo y pertenencia, evitando el uso de publicidad o mensajes políticos, los cuales han sido prohibidos desde los años 60. Es interesante analizar, que estas prendas, en muchos casos, reflejan las tendencias en ropa deportiva del momento, evidenciando el impacto mediático de los juegos y cómo pueden ser utilizados como plataforma para comunicar algo. A su vez, los uniformes deben proteger al atleta durante la ejecución de su actividad y de las condiciones extremas que puedan surgir durante los eventos.

Entre los uniformes olímpicos destacados durante la historia, podemos mencionar el diseñado por Issey Miyake en 1992. En un intercambio cultural muy interesante, el diseñador japonés colaboró en la creación del uniforme oficial de Lituania, justo después de independizarse de la Unión Soviética. El uniforme consistía en una chaqueta plisada, una camiseta, un pantalón holgado, gorra y sneakers deportivos. La prenda estrella fue sin duda la chaqueta plisada con capucha que al ser abierta, dejaba leer el nombre del país. Entre los detalles innovadores se destaca el uso de una tela de poliéster liviana, cremalleras de gran tamaño e inserciones de malla en el interior para dar frescura a las prendas. Es importante destacar que Miyake diseñó el uniforme de manera gratuita y logró el apoyo de varias empresas japonesas, como la de artículos deportivos Mizuno. Un ejemplo claro de la importancia que puede tener un proyecto de este tipo en la vida de todo diseñador.

En el año 2012, Stella McCartney es seleccionada para desarrollar los uniformes de Gran Bretaña. Su trabajo ha sido destacado por varias razones, entre ellas, por ser la primera diseñadora en crear uniformes específicos para cada tipo de competencia y no sólo el uniforme de las ceremonias oficiales. La diseñadora, quien ya trabajaba con Adidas, logró mejoras técnicas en las telas como el uso de fibras de titanio para alejar el calor del cuerpo, así como puntos de enfriamiento en aluminio. 

En la mayoría de los casos, los uniformes de cada delegación son creados por diseñadores del país, como es el caso de Ralph Lauren para los Estados Unidos, Dsquared2 para Canadá y Lacoste para Francia, entre otros.

Veamos algunos ejemplos:

Uniforme de Lituania diseñado por Issey Miyake para los Juegos Olímpicos de 1992.

Uniforme de Gran Bretaña diseñado por Stella McCartney para los Juegos Olímpicos de 2012.

Uniforme de Estados Unidos diseñado por Ralph Lauren.

Uniforme de Francia diseñado por la marca Lacoste.

La ropa siempre será una gran forma visual de narrar una historia, de hablar de un país, de marcar la diferencia.

Ana López, socióloga

Ahora, volvamos a la actualidad y hablemos un poco sobre la polémica que ha surgido en los últimos años con los uniformes olímpicos y su estricto código de vestimenta. Ángela Schneider, directora del Centro Internacional de Estudios Olímpicos, afirma que el debate viene desde hace mucho tiempo, aunque no lo parezca, y el enfoque ha sido el sexismo, la cosificación del cuerpo femenino y sobre quién decide qué tan “apropiado” es un uniforme. 

Es importante mencionar que los juegos olímpicos son un evento que se ha ido desarrollando sobre los cimientos de la diferenciación de género, sin olvidar los intereses financieros y una jerarquía inalterable, como nos recuerda Vanessa Friedman, en su artículo “¿Quién decide cómo luce el vestuario de una campeona?”.

Si todas las actividades hasta ahora habían sido diferenciadas por género, las decisiones sobre los códigos de vestimenta ¿no deberían también tener una distinción?, ¿por qué un hombre debe decidir qué tipo de prenda debe lucir una atleta?, ¿no debería la deportista tener voz y voto en la decisión sobre cómo se siente más cómoda?, estas son algunas interrogantes que empiezan a surgir en torno a este tipo de actividades y que durante el 2021 tuvieron una gran repercusión. En la Copa Mundial Femenina de Fútbol de 1999, Brandi Chastain fue criticada por quitarse la camiseta y mostrar su sostén deportivo en un momento de celebración. Chastain comenta que aún le parece increíble que se genere polémica sobre algo como el vestir en un atleta, por otro lado, se alegra que al menos haya una discusión. 

Vanessa Friedman, a su vez, destaca en su artículo mencionado anteriormente, que todo deporte se basa en el aspecto físico y que es muy difícil separar el concepto de sexualidad del concepto de atleta, sin importar lo absurdo que puede ser, pensar que cuando un atleta se encuentra en la competencia de su vida, también esté pensando en seducir al espectador. 

 Jill Filipovic, periodista de CNN, afirma en su columna de opinión sobre los juegos olímpicos de Tokio 2021, que “tanto los códigos de recato como el sexismo obligatorio tienen la misma raíz: una profunda incomodidad con las mujeres que utilizan su cuerpo de forma no autorizada. Los códigos de recato presuponen que los cuerpos de las mujeres son intrínsecamente sexuales y tentadores. Deben cubrirse para demostrar su virtud moral y para proteger a los hombres del mundo, aparentemente débiles, de sus propios pensamientos impuros…”

Estos problemas afectan a atletas de ambos sexos, pero sin duda las mujeres son las que han sido objeto de un escrutinio más agudo. Sin hablar del hecho de que en muchos países del mundo, las mujeres no pueden realizar ciertos deportes porque la vestimenta no es “apta” según los códigos de pudor y modestia del país. 

 ¿Recuerdan el enterizo que utilizó Serena Williams en el Abierto de Francia en el 2018?, pues ella también fue duramente criticada, sin importar que una de las razones por las que lo hizo, fue para proteger su salud. Y aquí entra en juego otro factor importante, la cultura. Muchos deportes tienen una trayectoria de años, y esa historia viene con un legado. La cultura del deporte es la que en muchos casos ha determinado la vestimenta que llevan los atletas. 

Serena Williams en el Abierto de Francia en el 2018. Imagen: Clarín.com

En el caso del tenis, específicamente el campeonato de Wimbledon, el código de vestimenta es exclusivamente blanco de pies a cabeza. Ahora nos preguntamos, ¿el legado del deporte, es suficiente justificación para no cuestionar los códigos y evitar quizás un cambio positivo para todos los deportistas?

Las redes sociales han ayudado a visibilizar este debate, dándole poder a los atletas para que puedan alzar la voz sin censura. Y sus fieles seguidores han ayudado a crear la presión necesaria para evitar que la discusión no se pierda en el camino. Los juegos olímpicos de Tokio 2020 no fueron la excepción. Se presentaron varios episodios polémicos referentes a los uniformes de los atletas. Empecemos por la multa impuesta por la Federación Europea de Balonmano al equipo noruego por llevar pantalones “demasiado largos” en lugar del bikini corto y ajustado usualmente exigido. Entre las personas que mostraron su apoyo al equipo estuvo la cantante Pink, quien incluso ofreció pagar la multa, viralizando la polémica en todo el mundo. 

¿El legado del deporte, es suficiente justificación para no cuestionar los códigos y evitar quizás un cambio positivo para todos los deportistas?

Endrina Aponte, diseñadora

Otro episodio importante, fue la declaración realizada por el equipo alemán de gimnasia, quienes utilizaron un enterizo de malla completo que cubría sus piernas. La idea no era promover la modestia, sino afirmar que las atletas deberían tener la posibilidad de elegir su vestimenta y evitar ser sexualizadas durante la ejecución de su deporte. Elisabeth Seitz, miembro del equipo alemán, afirmó que “eso no significa que no queramos seguir usando el leotardo normal. Es una decisión que se toma día a día en función de cómo nos sintamos y de lo que queramos. El día de la competencia, decidiremos qué ponernos”.

Como todas y todos sabemos, seguimos en la lucha por la igualdad de género y los juegos olímpicos no son la excepción. A lo largo de la historia, podemos observar cambios que se han realizado para integrar a la mujer, pero ha sido una lucha cuesta arriba. La doble moral sexista, también ha afectado a los hombres quienes siguen sin poder competir en gimnasia rítmica o nado sincronizado. Sin embargo, el debate está sobre la mesa y poco a poco se van observando cambios y pequeños avances. Entre ellos, podemos destacar la guía para medios de comunicación que publicó el Comité Olímpico Internacional en la que se busca evitar la sexualización de la mujer por parte de los narradores de los juegos, así como enfocarse en la integridad de los atletas, sugiriendo evitar hacer comentarios sobre su aspecto o las partes de su cuerpo. Aún no puedo creer que esa guía exista, pero es así. 

A final de cuentas, el enfoque tiene que estar en buscar el balance perfecto entre el legado que tiene la cultura de cada deporte y el bienestar del atleta y su rendimiento al realizarlo. Por ello, debemos seguir teniendo discusiones sobre estos temas, para poder lograr los cambios necesarios para el beneficio de todos.

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