DERECHOS LABORALES EN LA INDUSTRIA DE LA MODA

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Necesitamos comprender la realidad detrás de la industria de la moda y lo que implica en general tener buenas condiciones de trabajo.

Bangladesh, China, India, Marruecos, Vietnam… ¿qué tienen todos estos países en común? Además de ser los países en donde la mayoría de la ropa que traes puesta se fabrica, también son aquellos países en los que las condiciones de trabajo son insuficientes, deficientes e incluso inexistentes…

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Bangladesh, China, India, Marruecos, Vietnam… ¿qué tienen todos estos países en común? Además de ser los países en donde la mayoría de la ropa que traes puesta se fabrica, también son aquellos países en los que las condiciones de trabajo son insuficientes, deficientes e incluso inexistentes.

Sobre este tema se ha escrito demasiado, se han hecho documentales, existen ONGs que luchan por los derechos laborales, pero siendo sinceros el problema parece preocuparnos solamente cuando ocurren incidentes fatales, como el de Rana Plaza en Bangladesh en 2013 o cuando presenciamos crisis humanitarias como los despidos masivos que están ocurriendo actualmente en fábricas textiles de todo el mundo debido a la pandemia del coronavirus.

Esto sucede porque es un tema que vemos lejano, no comprendemos la realidad detrás de la industria de la moda y lo que implica en general tener buenas condiciones de trabajo.

Un poco de historia

La lucha por mejorar las condiciones de trabajo en la industria textil no es un movimiento nuevo, viene de la revolución industrial, donde obreros y obreras unieron esfuerzos para luchar contra la explotación laboral. Incluso, el Día Internacional de la Mujer se conmemora el 8 de marzo, porque en 1857 las trabajadoras de una fábrica textil en Nueva York salieron a las calles a protestar por las malas condiciones de trabajo que tenían.

La industria textil emplea millones de personas a nivel global -especialmente mujeres- en trabajos técnicos que no requieren altos niveles de educación formal, este esquema de trabajo ha funcionado durante muchos años y hasta la década de los setentas las grandes potencias habían logrado construir una industria textil pujante y regulada. Sin embargo, de acuerdo con la publicación Moda: industria y derechos laborales, fue a partir de los años 80 con el empuje de las políticas neoliberales y la fiebre del libre comercio que se inició una deslocalización masiva de la producción de ropa.

El fenómeno de la deslocalización de producción se refiere a aquellas prácticas que las empresas realizan para trasladar sus centros de trabajo o áreas específicas a países que representan menores costos para ellos; de esta forma mejoran su capacidad competitiva y aumentan su margen de beneficios. En la industria textil la deslocalización se debió principalmente a la entrada en vigor de diferentes instrumentos internacionales. Específicamente en 1974 el Acuerdo Multifibras (AMF) reguló hasta 1994 el comercio global de textiles y confecciones, permitiendo a Canadá, Estados Unidos y países europeos establecer cuotas sobre la cantidad de artículos textiles provenientes de otro país productor. En principio, el AMF buscaba proteger a las industrias textiles propias principalmente de los mercados asiáticos, pero lo que sucedió fue exactamente lo contrario, pues promovió que firmas internacionales buscaran proveedores en países que ofrecieran mano de obra barata que no estuvieran incluidos en el sistema de cuotas, por ejemplo, América Central, México y Turquía.

Con el establecimiento de la Organización Mundial del Comercio en 1994 entró en vigor el Acuerdo Sobre los Textiles y el Vestido bajo el cual las cuotas y aranceles que cada país podía establecer quedaron eliminados, comenzando así una nueva era en el mundo de la industria del vestido y permitiendo que las empresas obtuvieran textiles y prendas de vestir de cualquier parte del mundo principalmente de China y cada vez más de países con costos laborales muy bajos y altos índices de pobreza como Bangladesh, Indonesia y Vietnam.

Condiciones de trabajo

Pero ¿qué implica tener buenas o malas condiciones de trabajo? Como personas tenemos derecho a tener un buen empleo que cumpla al menos con lo establecido en la Declaración Universal de Derechos Humanos (artículo 23):

1. Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias y a la protección contra el desempleo.

2. Toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo realizado.

3. Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social.

4. Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses.

Dicho esto, las condiciones de trabajo son los aspectos que son susceptibles de sufrir consecuencias negativas para la salud y bienestar de los trabajadores, en palabras de la Organización Internacional del Trabajo (OIT): las condiciones de trabajo cubren una amplia gama de temas y cuestiones, desde las horas de trabajo (tiempo trabajado, periodos de descanso y horarios de trabajo) hasta la remuneración, así como también las condiciones físicas y las demandas mentales que se imponen en el lugar de trabajo.

Analicemos una a una las condiciones de trabajo más esenciales y cómo impactan en el mundo de la industria textil:

  • Salarios

Todas las asociaciones en pro de mejorar las condiciones laborales de los trabajadores de la industria textil concluyen lo mismo: “Los salarios de pobreza son la norma de la industria de la ropa” (International Labor Rights Forum 2019: Future of Fashion).

Es un hecho que las personas que fabrican nuestra ropa viven en la pobreza y ganan mucho menos de lo que se requiere para cubrir sus necesidades básicas para ellos y sus familias; carecen de un salario digno que les permita pagar la alimentación, vivienda, atención médica, educación, ropa, transporte y tener ahorros.

Y cuidado, no confundamos un salario mínimo con un salario digno. De acuerdo con Campaña Ropa Limpia, el salario mínimo es aquel que determina un gobierno y que por lo general no provee ingresos suficientes para mantener a una familia de cuatro miembros por encima del nivel de pobreza nacional. Por otro lado, el cálculo de un salario digno debe tener en cuenta las necesidades básicas de la persona y de los miembros de su familia, así como la posibilidad de destinar un porcentaje considerable a cada una de estas. Además, es un factor clave para evitar la “carrera hacia los mínimos” es decir, que las diferencias entre los salarios entre países no supongan que las empresas descarten un país por otro que ofrezca costes más bajos.

Veamos algunos ejemplos que ilustran la gravedad de la situación:

  • Labour Behind the Label indica que en Bangladesh, el salario mínimo de la industria en 2015 representaba solo el 18% de lo que debería ser un salario digno. En Sri Lanka un 20% y en Camboya un 34%. Si bien en 2018 se actualizó el salario mínimo en Bangladesh, el aumento de coste de vida hizo imperceptible este crecimiento.
  • La OIT estima que el incumplimiento de los requisitos de salario mínimo en las fábricas de ropa en Asia puede ser del 25% y a veces, incluso de más del 50%.
  • Las mujeres suelen ganar salarios más bajos que los hombres al realizar el mismo trabajo, esto de acuerdo con el reporte Future of Fashion 2019.
  • El informe “Salarios Dignos 2019” de Campaña Ropa Limpia concluye que el 85% de las marcas que investigaron, cuentan con compromisos para garantizar salarios suficientes, pero ninguna está poniendo eso en práctica para ningún trabajador o trabajadora en los países donde se produce la mayoría de la ropa que se vende en el mundo.

Las condiciones de trabajo cubren una amplia gama de temas y cuestiones, desde las horas de trabajo, la remuneración, las condiciones físicas y las demandas mentales que se imponen en el lugar de trabajo.

OIT
  • Salud y seguridad

Es una práctica generalizada que los trabajadores de la industria de la confección trabajen jornadas extremadamente largas. Buscando mejorar sus bajos salarios, los trabajadores no tienen otra opción que trabajar horas extras, además de que la gran velocidad de producción de la industria así lo requiere. Trabajar largas horas tiene un impacto negativo en la salud y bienestar de los trabajadores que también contribuye a un aumento de accidentes y lesiones.

En una investigación realizada en 2009 a doce fábricas textiles de Bangladesh que producen para marcas holandesas, 76.4% de las personas trabajadoras declararon que los objetivos de producción eran imposibles de cumplir dentro del horario habitual. Esto lleva a que los trabajadores no lleguen a los objetivos fijados y se vean obligados a seguir trabajando, con el gran inconveniente de que las horas extras se empiezan a contabilizar una vez que se han cumplido los objetivos.

De acuerdo con Sustain your Style a los trabajadores de la industria textil se les obliga a trabajar de 14 a 16 horas al día, 7 días de la semana y pueden llegar a trabajar hasta 96 horas a la semana y en los días de mayor actividad pueden terminar sus jornadas entre las 2 y 3 de la mañana.

Las marcas deben dar a conocer al público en general qué fábricas están produciendo prendas y para qué marcas lo hacen.

Las largas jornadas en lugares de trabajo deficientes, mal iluminados, sin ventilación, respirando sustancias tóxicas y en posiciones corporales inadecuadas, provocan en el mejor de los casos enfermedades graves, en el peor, desastres laborales como incendios, derrumbes y explosiones, por citar algunos ejemplos: el derrumbe del edificio de Rana Plaza en Bangladesh dejó a 1,134 personas fallecidas y los incendios en las fábricas de ropa de Tazreen, también en Bangladesh y en Ali Enterprises en Pakistán, dejaron cientos de heridos y fallecidos.

Por supuesto que las y los trabajadores no suelen disfrutar de ningún seguro médico, subsidio o indemnización por enfermedades y/o accidentes, entonces ¿en manos de quién realmente recae toda esta responsabilidad? Muchas marcas se han hecho responsables, pero para llegar a esto se ha requerido de un trabajo de largas y complicadas negociaciones en donde los más débiles quedan supeditados a la influencia económica y social de los más fuertes.

Las normas internacionales del trabajo consagran el derecho a proteger la salud y seguridad de los trabajadores, ninguna persona tiene que arriesgar su vida por el simple hecho de trabajar y tiene el derecho de limitar la cantidad de horas de trabajo y que se le proporcionen periodos para el descanso y la recuperación adecuados, como el descanso semanal y las vacaciones anuales pagadas. Es el trabajo de los gobiernos, marcas y empresarios garantizar estos derechos. Sin embargo en esta industria, el panorama de cumplimiento está muy lejos de ser cierto.

  • Representación sindical

Imagen Campaña Ropa Limpia

En teoría, todas las personas por el hecho de trabajar tenemos derecho a la libertad de asociación, lamentablemente en la práctica esto no sucede en muchos países.

La capacidad de los trabajadores de organizarse para defender sus intereses es fundamental para que puedan proteger y negociar sus derechos laborales y más en la industria textil, donde las violaciones del derecho a la libertad de asociación y de negociación colectiva son abundantes, así como la represalia contra líderes de sindicatos independientes y democráticos.

A raíz de la pandemia del Covid-19, el movimiento sindical de Myanmar está siendo amenazado con despidos selectivos de líderes sindicales y personas sindicalizadas. Por ejemplo, la fábrica Myan Mode, que se caracteriza por tener uno de los sindicatos más fuertes del país y que provee a marcas como Inditex y Mango, despidió a 571 personas, de un total de 1270, de los cuales 520 eran miembros del sindicato. Y si bien en mayo lograron negociar la readmisión de 75 personas, es sorprendente la poca influencia (o preocupación) de un conglomerado como Inditex para exigir la reinserción de todos los trabajadores.

Poder asociarse con el fin de lograr un diálogo social entre empleado y empresario es fundamental, por tanto, es importante promover acuerdos entre las organizaciones de empleados y empresarios a nivel nacional, sectorial y empresarial.

  • ¿Las marcas son responsables del cumplimiento de derechos laborales de toda su cadena productiva? Ante esta desastrosa situación, queda hacernos esta pregunta y reflexionar al respecto.

En principio los gobiernos de los países productores de todo el mundo son los responsables de las condiciones de trabajo y el cumplimiento de la legislación laboral en las fábricas. De acuerdo con estándares internacionales, la llamada “responsabilidad social corporativa” y los propios códigos de conducta impuestos por las empresas, las marcas de ropa y calzado que ordenan la producción de sus productos a las fábricas en esos países, también tienen la responsabilidad de garantizar que se respeten los derechos de los trabajadores en toda su cadena de suministro y por lo tanto, deben tomar medidas para prevenir y abordar las violaciones de los derechos humanos.

Algo esencial para lograr esto es la transparencia. Las marcas deben dar a conocer al público en general qué fábricas están produciendo prendas y para qué marcas lo hacen; cuanta más información pública exista, es más probable que se denuncien condiciones abusivas. Sin embargo, las marcas no suelen publicar esta información clave. De acuerdo con Human Rights Watch (HRW) la transparencia es especialmente importante porque en el sector de la confección, la subcontratación no autorizada es un problema frecuente. Algunos de los peores abusos laborales ocurren en sitios subcontratados no autorizados, más alejados de cualquier tipo de escrutinio o responsabilidad.

Si una empresa es demandada por violar sus responsabilidades, las condiciones de trabajo en las fábricas podrían cambiar rápidamente.

Aún así la responsabilidad vuelve a recaer en los gobiernos, pues son estos quienes pueden imponer sanciones a empresas que no cumplan la normativa impuesta. Trágicamente, continua HRW, la combinación de renuencia a regular las empresas y la apatía general de los gobiernos, significa que no se han realizado grandes esfuerzos legislativos en todo el mundo para abordar las preocupaciones de derechos humanos en la industria de la confección.

Nuestra innegable hambre de consumismo ha provocado que la industria de la moda sea cada vez más compleja y abusiva para con los trabajadores. Contrario a lo que podría pensarse, parece que vamos retrocediendo en muchos aspectos en cuanto a la protección de los derechos laborales y si bien es cierto que una nueva conciencia está despertando en los consumidores, hay que aceptar que las marcas siguen cumpliendo con las expectativas de sus clientes de precios baratos y tendencias.

Si las grandes marcas, empresarios y gobiernos no hacen nada para mejorar este panorama, queda en las pequeñas marcas que hoy se están construyendo y en los consumidores, ser la fuerza impulsora del cambio y entender que la protección de los derechos fundamentales tiene un precio que inevitablemente repercutirá en el futuro de la humanidad.

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