ERA DIGITAL Y MEDIO AMBIENTE

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La era digital es transversal a todas las esferas o pilares que soportan la vida actual y el medio ambiente no es ajeno a ella.

El planeta está conectado con cada cosa que hacemos y el equilibrio de nuestra vida depende del equilibrio de la naturaleza.

La digitalización de la vida moderna, irrumpe en estos balances. ¿Te has preguntado cómo?

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Para muchas personas,  es bastante normal que el ritmo al cual pensamos, actuamos y digerimos la información sea acelerado y frenético. El cambio lo podemos percibir en  cada momento y cualquier objeto u actividad puede volverse obsoleta en un abrir y cerrar de ojos. Curiosamente esta curva desenfrenada de novedades e información no siempre ha sido así; de hecho, en los últimos 70 años, después de la revolución industrial,  empezamos a vivir en un mundo anclado a sucesos permanentes, productos y panoramas cada vez más cambiantes y con un vínculo directo y fuerte a la tecnología. A esta etapa en el tiempo se le ha denominado la era digital. 

Antes de ella, claramente se presentaron cambios pero el ritmo era más pausado. El acceso a tecnologías como el computador fue uno de los grandes hitos para darle entrada a un nuevo espacio mediado por lo digital  y luego, a mediados de la década de los noventa este vínculo con la tecnología se estrechó con la llegada del Internet y  la conectividad a nivel mundial.

El Internet, de la forma en que lo conocemos hoy no es ni una mínima parte de lo que fue en sus inicios; el crecimiento acelerado de las redes sociales en los últimos 10 años, la virtualización del hacer a nivel individual y colectivo, la hiperconectividad con lugares del mundo que antes no conocíamos, la actualización desaforada de productos y el boom informativo que nos permea día tras día,  junto a las restricciones de movilidad generadas  por el COVID-19 han logrado  maximizar los niveles de interacción y conectividad con el mundo virtual. Actualmente estamos viviendo una cibervida, donde pasamos más tiempo al frente de una pantalla que socializando frente a frente con otros. 

Esta era ha sido asociada con las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), que a su vez ha traído muchas paradojas: por un lado la movilización del conocimiento y la información a velocidades mucho más rápidas ha permitido el avance socioeconómico que tenemos hoy.

Esa misma velocidad ha desencadenado una sociedad adicta a la rapidez, a la novedoso y efímero, fuera de control y con información tergiversada que genera incertidumbre y desconfianza en la misma población. Es decir, la misma plataforma tecnológica que nos puede educar y generar concientización de manera masiva, también nos puede dividir, desinformar y agotar.  

La era digital es transversal a todas las esferas o pilares que soportan la vida actual y el medio ambiente no es ajeno a ella. El impacto que ha tenido la cibervida en el medio ambiente se puede ver reflejado en diferentes escenarios: el que genera beneficios y el que impacta de forma negativa. 

Pros de esta situación:

  • El surgimiento de un  nuevo nicho de consumidores amigables con el medio ambiente, se ha ido incrementado vertiginosamente desde la época hippie de los setenta hasta ahora, gracias a la difusión masiva de los efectos del cambio climático y la exposición al consumidor final acerca del origen de sus productos y la afectación a la naturaleza. 
  • Hoy hablamos de grupos ambientalistas que han elevado sus voces al mundo a través de las redes sociales y han  inspirado a otros a actuar de forma más sostenible. Uno de los ejemplos más representativos es el “Efecto Greta” por la activista sueca Greta Thunberg que ha inspirado a miles de personas en el mundo con sus protestas y discursos y ha aumentado el nivel de responsabilidad y conciencia acerca de las consecuencias del cambio climático. 
  • El acceso a tecnologías más avanzadas e información más detallada acerca del estado del medio ambiente ha permitido a varias instituciones a nivel mundial tomar acción y generar políticas en busca de una mitigación de los efectos de la huella de carbono producida por las actividades humanas. 
  • La nueva estrategia de la Unión Europea para las próximas décadas denominada El pacto verde (Green Deal en inglés) ha buscado interrelacionar los esfuerzos en materia política entre el medio ambiente y las tecnologías digitales. Dentro del pacto se contempla explorar medidas para garantizar que tecnologías como la Inteligencia Artificial (IA), 5G, la impresión 3D y el Internet de las cosas (IoT) puedan acelerar y maximizar el impacto de las políticas propuestas para hacer frente al cambio climático y proteger el medio ambiente. 

El panorama de pandemia que atravesamos hoy,  en temas de transporte, especialmente aéreo, es otro de los beneficios de la era actual, pues con las restricciones de salud que se tienen globalmente ha sido imposible viajar, dándose por ejemplo reducciones de hasta un 60% en las emisiones de dióxido de carbono durante la ola más grande de casos de COVID-19 durante el 2020.

El Internet, de la forma en que lo conocemos hoy no es ni una mínima parte de lo que fue en sus inicios.

Sin embargo, lo positivo del transporte puede ser una verdad a medias. La era digital ha abierto un espacio a la globalización y a la interconectividad entre los lugares más distantes en el planeta Tierra geográficamente hablando. Con una clase socioeconómica media emergente y precios más asequibles para viajar, el transporte tanto aéreo como terrestre ha permitido que millones de personas se desplacen a lugares remotos en el mundo, aumentando la huella de carbono asociada y por ende generando gases de efecto invernadero que suman a la cuota del cambio climático.

Este punto de transporte debe revisarse con mucha delicadeza, pues también por otro lado, el mismo acceso a lugares nunca antes pensados para generaciones de hace más de 30 años, ha aumentado el cuidado y entendimiento del valor que tiene la naturaleza y lo vital de la biodiversidad para el sostenimiento de la sociedad (esto se entiende cuando se tiene la oportunidad de visitar parques naturales, playas y puntos clave de biodiversidad en el mundo). 

Otro de los aspectos que puede generar controversia son las plataformas de comercio electrónico. Puede presentarse el panorama que la digitalización de marcas y comercios locales sirva para incentivar al consumidor a comprar más cerca de su lugar de vivienda.

Comprar local es una de las opciones más efectivas para vivir de manera sostenible, al tiempo que se fortalece el capital social de la zona. A su vez, habría menor necesidad de importaciones de productos extranjeros, lo que representa una disminución en transporte y logística, por ende menor consumo energético y una mayor preservación de recursos.

Pero este panorama puede verse totalmente alterado cuando la digitalización y los bajos precios de plataformas de comercio electrónicos permiten que  personas de todo el globo terráqueo conozcan las opciones que hay al otro lado del mundo.

El impacto que ha tenido la cibervida en el medio ambiente se puede ver reflejado en diferentes escenarios: el que genera beneficios y el que impacta de forma negativa.

Así, una persona ubicada en cualquier lugar de Latinoamérica puede hacer compras desde la comodidad de su hogar en plataformas de China o Tailandia donde se consiguen múltiples productos por precios realmente bajos. Esto no sólo representa un aumento en el transporte, donde se tiene un mayor uso de combustibles normalmente provenientes de fuentes fósiles, sino también de compra de productos cuyo origen es desconocido y por ende no es fácil conocer la trazabilidad de los recursos empleados ni las prácticas utilizadas  para lograr el resultado final.

Ahora bien, los computadores y la facilidad de comunicarnos en la era digital con los correos electrónicos o e-mails ha incrementado la agilidad y la rapidez en respuesta si lo comparamos con los tiempos en que la única forma de comunicarnos era a través de cartas escritas en papel. Pero, ¿qué impacto medioambiental tienen los correos electrónicos? La revista Science Focus de la bbc presenta tres aspectos relevantes al momento de calcular la huella de carbono de un correo electrónico. Primero, la electricidad es necesaria para enviar, almacenar temporalmente en servidores y recibir (y poder ver) un correo electrónico; sin embargo, la energía usada en esto es mucho menor que aquella invertida en enviar cartas físicas. Se estima que enviar un correo electrónico requiere de tan sólo un 1.7% de la energía necesaria para enviar una carta de papel (equivalente a 4g de emisiones de dióxido de carbono).

¿Qué impacto medioambiental tienen los correos electrónicos? Una pregunta, que todos deberíamos hacernos.

Así, la huella de carbono es menor en la era digital si comparamos uno a uno, aunque la misma facilidad del sistema permite que se envíen muchísima más cantidad de correos electrónicos que cartas físicas, por lo cual había que considerar también el volumen de envíos para hacer un cálculo justo. 

Segundo, en caso tal que el correo presente archivos adjuntos (como por ejemplo una fotografía), esto requiere capacidad extra de almacenamiento y toma mayor tiempo transmitirlo a su remitente, haciendo que la huella de carbono suba a 50 g en promedio. Y como tercero y último, si queremos tener una comparación más visual, el envío de 65 correos electrónicos equivale aproximadamente a conducir 1 km en un carro. En el panorama de los países desarrollados, una persona promedio en un año agrega 136 kg de CO2 a su huella de carbono debido a los correos electrónicos que envía y recibe. Esto equivale a 320 km adicionales conducidos en un carro. Y, sólo para conocer el panorama mundial, el uso de correo electrónico genera tanto dióxido de carbono (CO2) como tener 7 millones de carros adicionales en las carreteras.

El papel del consumidor es vital, para mitigar los impactos causados en el medio ambiente.

Como pueden ver, la digitalización no es necesariamente mala o buena, es la forma cómo hacemos uso de las tecnologías actuales y los objetivos que tenemos como sociedad al desarrollar instrumentos digitales que propicien (o no) el cuidado del medio ambiente y la transición hacia una vida más sostenible.

Se espera que el aumento de la digitalización conduzca a un aumento en el consumo total de electricidad de las TIC con el consumo esperado en los centros de datos y las redes de telecomunicaciones, a pesar de las potenciales ganancias de eficiencia energética a nivel de producción de productos más sostenibles. Podríamos pensar también que en una era de digitalización la industria forestal, específicamente la papelera que es una de las más demandantes en consumo de agua y energía, se vea afectada económicamente, pero existe una gran oportunidad de transicionar hacia libros o materiales electrónicos, que también traerán ahorros ambientales.

Sin embargo, los impactos ambientales en su mayoría dependen de las condiciones específicas de la fase de uso, lo que nos lleva de nuevo a la conclusión que el papel del consumidor es vital y cobra relevancia la forma cómo empleamos estas tecnologías en pro de generar prácticas de consumo responsables e inteligentes de las herramientas que tenemos al alcance. 

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