LA AGENDA SOCIAL, DENTRO DE LA CIRCULARIDAD

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Se estima que cerca del 33% de todos los residuos generados hoy no se tratan de una manera segura a nivel medioambiental.

The World Bank

Cambiar los modelos lineales por unos circulares, no solo está relacionado con el medio ambiente, sino también con las personas, sus culturas y sus formas de vida.

Para las marcas, es vital implementar este tipo de modelos dentro del desarrollo de sus productos y aquí te contamos la importancia de la agenda social dentro de la circularidad.

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Producir, usar, desechar. Producir, usar, desechar.

Esta secuencia de acciones podríamos repetirlas constantemente en muchas de las actividades del día a día dentro de múltiples contextos: en el laboral, en el hogar, con los amigos o hasta practicando las actividades que más nos gustan. Lo cierto es que este modus operandi no está en línea por el simple hecho de que todos los recursos que el ser humano tiene a su disposición no son infinitos y llegan al punto de agotarse y al pertenecer a un sistema donde todos los elementos tienen alguna conexión, terminan irremediablemente afectando el comportamiento y estado de los elementos remanentes en éste.

La economía circular trae a colación la idea de cambiar por completo este sistema lineal y volverlo circular, donde todo material después de pasar por su producción y uso vuelve a su origen para ser utilizado de nuevo, bien sea en el mismo sector o como insumo en otra industria diferente.

Según la Fundación Ellen MacArthur, existen tres principios clave que abarcan la economía circular: eliminación (o disminución) del desperdicio y la contaminación, mantener productos y materiales en uso y regenerar sistemas naturales. 

No es arriesgado decir que el problema que tenemos actualmente con los desperdicios y el nivel de basura generado mundialmente nos está pasando factura en  todos los niveles. Y es que bajo un escenario conservador, se estima que cerca del 33% de todos los residuos generados hoy no se tratan de una manera segura a nivel medioambiental; adicionalmente, se proyecta que pasaremos de producir 2.01 billones de toneladas de basura al año a 3.40 millones de toneladas para el año 2050.

Este panorama pone en duda los esfuerzos que se han comenzado a hacer desde hace un par de años por closing the loop o cierre de círculo con el cambio de diseño en el sistema propuesto por la economía circular, pues los problemas de basura, contaminación, desecho de productos y afectación de ecosistemas siguen presentes. 

Dentro de estos principios clave de la circularidad se busca dar soporte a la implementación de sistemas más sustentables, buscando el bienestar del planeta, de la economía y de las personas. Este último pilar, el social, es lo que nos reúne hoy aquí. Son las personas quienes producen, hacen uso y también desechan miles y miles de productos día a día. No es sólo pensar en un producto per se, sino cómo y dónde se usa lo que en realidad mide el impacto final de éste. 

Teóricamente hablando, el concepto de economía circular tiene beneficios implícitos para la sociedad en términos de reducción de contaminación y también de inclusividad en nuevos tipos de negocios que abren oportunidades a individuos para formar parte de estas nuevas cadenas de valor.  El corazón del pilar social son los llamados stakeholders, o actores interesados en cierto producto o proceso productivo.

Como ejemplo está la producción de una camiseta de algodón: aquí el impacto social puede medirse en todo el sistema incluyendo a los agricultores que sembraron el algodón, las pequeñas y medianas empresas que transportan los insumos para producción, los trabajadores de la fábrica donde se manufactura la camiseta, aquellos consumidores que deciden comprar y usar el producto y aquellos que también deciden botarla/reusarla en otras actividades cuando ya no la quieren emplear para su objetivo inicial.

En esta fase, el rol de los recicladores o trabajadores que re-procesan las fibras de esta camiseta usada, permite que el ciclo inicie nuevamente hasta que llega a su disposición final en el vertedero y allí hay otros actores involucrados.

Este simple esquema muestra que en cada etapa del proceso productivo pueden presentarse varios actores y quizás todos con intereses muy distintos. 

Siguiendo con la teoría y entendiendo que la economía circular busca un cambio en el sistema económico actual, los tipos de negocio que se tienen o se quieren construir deben seguir pautas o modelos encaminados a la sostenibilidad. El modelo de negocio de tres capas (TLBMC por sus siglas en inglés) es el ejemplo más claro de la inclusión del pilar social dentro de la circularidad. Con este modelo se busca tener un enfoque en los stakeholders para identificar las relaciones entre la gente y el negocio o producto que se esté analizando; así, se puede identificar qué tipo de impactos se está teniendo sobre la población.

Dentro de este análisis se consideran los siguientes aspectos: comunidades locales, empleados, gobernanza, valor social, cultura social, escala de alcance, usuario final, impactos y beneficios sociales. Sin embargo, aunque teóricamente se está proponiendo incluir el pilar social dentro del diseño y análisis de productos más circulares no significa necesariamente que los impactos no existan o, peor aún, que estos modelos se estén aplicando en el sector real. Este modelo propone que precisamente los actuales y potenciales impactos sociales de un producto se identifiquen y sean claros, para así actuar en pro de su eliminación o minimización. Lamentablemente el pilar social es regularmente el menos considerado o el último en considerarse y el pilar económico y ambiental son los más priorizados.

Pasaremos de producir 2.01 billones de toneladas de basura al año a 3.40 millones de toneladas para el año 2050.

The World Bank

Este hecho lo confirman los investigadores Julián Kirchherr, Denise Reike y Marko Hekkert en su estudio acerca de la conceptualización de la economía circular usando 114 definiciones que encontraron en su revisión académica. Allí, los investigadores también critican la teoría presentada hasta hoy donde el pilar social es el menos mencionado o desarrollado cuando se habla de economía circular y que la inclusión de los stakeholders es un imperativo para generar negocios sostenibles que tengan claro cómo identificar el costo social que lleva producir cierto material y adicionalmente que tengan claridad en acciones que minimicen los impactos sociales acarreados. 

El sector de la moda es un claro ejemplo de cómo el pilar social, teniendo como centro a los trabajadores de la industria textil, es uno de los más impactados cuando el bienestar de los stakeholders no está incluido en el modelo de negocio. Cientos de noticias han aparecido para relatar cómo empresas reconocidas a nivel mundial se aprovechan de la mano de obra barata en países como China, Indonesia e India y de las precarias e indignas condiciones de trabajo que estas personas viven en su día a día.

Muertes, accidentes y enfermedades pueden ser algunas de las consecuencias de un pilar social dejado en el olvido. Esto en el largo plazo no sólo deja afectaciones a nivel de comunidad y sociedad, sino también a nivel económico pues con la era de las comunicaciones y medios sociales los consumidores conocen a mayor detalle lo que está sucediendo con las personas que fabrican su ropa y la ola de concientización y migración a marcas más sostenibles ha comenzado a crecer. 

El sector de la moda es un claro ejemplo de cómo el pilar social, teniendo como centro a los trabajadores de la industria textil, es uno de los más impactados cuando el bienestar de los stakeholders no está incluido en el modelo de negocio.

Francesca Romana Rinaldi, en su libro Fashion industry 2030: Reshaping the Future Through Sustainability and Responsible Innovation (Industria de la moda 2030: Reorganizando el futuro por medio de la sostenibilidad y la innovación responsable), sustenta el hecho que los negocios de modelos más innovadores en el sector de la moda estarán basados en una propuesta de valor que integre la  ética, la estética y la innovación, ofreciendo personalización de productos, planeando actividades para la participación de los consumidores en las operaciones de la compañía y siendo transparentes y responsables con sus propios empleados.

Este sector ha estado también promoviendo el uso del índice de sostenibilidad para el negocio de la moda (BoF sustainability index en inglés) donde se ha hecho un trabajo enfocado en los derechos de los trabajadores en busca de eliminar los abusos laborales y las relaciones laborales injustas en términos de salarios, horas de trabajo, condiciones de salud y seguridad en el puesto de trabajo).  

Lamentablemente, l pilar social es el menos considerado o el último en considerarse y el pilar económico y ambiental son los más priorizados.

La colaboración entre stakeholders y el ambicioso objetivo de identificar a tiempo los impactos potenciales a nivel social de un producto, propende a mejorar el estilo de vida de todos los actores involucrados en la cadena de valor. Las herramientas a nivel teórico existen y es un acto responsable hacer uso de ellos como emprendedor, al tiempo que se le añade valor a la teoría, que desde  hace un par de años se está generando, a través de las experiencias en el sector real y de cómo mejorar los sistemas actuales de producción, integrando y mejorando la vida de las personas que de una o cierta forma están conectadas con el negocio.

El curso de moda circular brindado por la Academia puede ser una buena fuente de aprendizaje y profundización de un tema que despierta tanto interés como la circularidad.

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